Redacción – Sin demasiadas explicaciones el canciller Cafiero cerró acuerdos por los que China manejará la minería, las aguas territoriales y hasta la Antártida argentina. ¿Asado por chop-suey?
Nos enteramos por la prensa china. El régimen chino anunció que son cada vez más próximos y estrechos sus vínculos con el gobierno argentino en sectores estratégicos de la economía, en un comunicado emitido por el diario oficial Global Times, uno de los órganos propagandísticos del Partido Comunista Chino (PCC).
El anuncio fue hecho por el ministro de Relaciones Exteriores de Beijing, Wang Yi, luego de una reunión que mantuvo en Roma, Italia, con el canciller argentino Santiago Cafiero.
La autocracia comandada por Xi Jinping señaló que seguirá vendiendo vacunas y material sanitario al gobierno argentino y que profundizaría su interés en áreas claves del desarrollo nacional como la minería, la energía, las comunicaciones (5G), la explotación de la Antártida y los mares y en materia aeroespacial.
“Las dos partes deben reforzar la cooperación en materia de inversión y financiación, energía y minería, electricidad y otros campos, y ampliar la colaboración en nuevos ámbitos como el aeroespacial, las comunicaciones, la Antártida y los océanos”, señaló el editorial al citar al ministro chino.
Lo que el mensaje de Pekín dice con claridad es que para el gigante asiático ha llegado la hora de cobrar la asistencia financiera que a través del swap acordara en su momento al BCRA, y que ahora pretende resolver utilizando a la Argentina para su pretensión de ingresar al mercado mundial de divisas.
El Memorando de Entendimiento sobre Cooperación Bilateral firmado en su momento entre el Banco Central de la República Popular China y el nuestro, en el que desde Pekín se invitaba a Buenos Aires a estar dentro del intercambio de información sobre los precios internacionales de los commodities y las tendencias de las monedas globales, representaba el intento del gobierno chino de darle más vuelo a su moneda de curso legal para darle un uso internacional a ese dinero.
La Argentina, urgida de fondos para garantizar reserva, aceptó aquella propuesta calamitosa y quedó como rehén de quien ahora pretende quedarse con las riquezas naturales del país para cobrar su acreencia.
En cuanto a las comunicaciones, es conocida la intención del régimen autocrático de quedarse con el control de las redes de 5G en la Argentina, negocio por el cual el propio embajador argentino en Beijing hizo fuerza públicamente en mayo pasado advirtiendo que el país debía adoptar lo que proponía China conjuntamente con la empresa Huawei. Conseguir este guiño del gobierno nacional le permitiría a Xi Jinping tener un control total sobre las comunicaciones del país y de gran parte de América Latina.
Con una poderosa base militar ya instalada en nuestro territorio, con la anuencia del gobierno para el paso depredador de los pesqueros chinos en nuestras aguas territoriales -Argentina presentó una protesta formal pero nada hizo para combatir la pesca clandestina en su territorio- y con un ritmo creciente de inversiones que en todos los casos se hacen sujetas a la legislación china de carácter pre colonial, surge ahora el riesgo de la presencia de ese país en la Antártida, lo que puede representar un grave peligro para la continuidad de las pretensiones argentinas sobre el territorio blanco: difícilmente los EEUU, Rusia y los países de la Unión Europea acepten que, utilizándonos como puerta trasera, China se apropie de un territorio estratégico para las décadas venideras.
Como lo hiciese Cristina Fernández durante sus dos presidencias, la actual administración kirchnerista ya no puede disimular su intención de entregar al país en manos del nuevo protagonista de la política mundial. Y ni siquiera puede disimularle: es tal el nivel de compromiso y deuda que el gobierno ha asumido que ahora quien anuncia sin tapujo alguno que se dispone a administrar nuestras riquezas naturales es el propio régimen asiático.
Y mientras se arrodilla mendicante ante Joe Biden para lograr apoyo a la refinanciación de su deuda, nuestro país desafía la política de los EEUU en uno de los temas más sensibles de su historia reciente: apoya la pretensión de Pekín de terminar con la existencia de China Nacionalista y el régimen de Taipei.
A la misma hora en la que Alberto corría tras el presidente norteamericano para conseguir al menos una foto, Santiago Cafiero afirmaba sin ponerse colorado que «Argentina adhiere firmemente a la política de una sola China», alineando a nuestro país en un conflicto que para el mundo libre no es una cuestión menor.
太多的基因,加上笨拙,显示了一个只有中国故事的国家的形象 (demasiada genuflexión que, sumada a la torpeza, muestra la imagen de un país que solo es un cuento chino).
Y que no es China…


