La falta de taxis y remises exige la respuesta inmediata del estado

RedacciónMientras siguen las discusiones acerca del GPS  y se debate la llegada de plataformas digitales a la ciudad, el servicio es cada vez más malo, insuficiente y sin control. Hacer algo urgente.

 

Decenas de personas esperando a las puertas del aeropuerto Astor Pizzolla la llegada de un taxi o remise. Las calles vacías del servicio a partir de las 20.00 y hasta que sale el sol, discusiones acerca de la colocación de GPS en las unidades para controlar el cumplimiento de los turnos de trabajo y agregar seguridad a los traslados…muchos temas corporativos que se imponen sobre el interés común y el de una ciudad turística que sale de una temporada en la que la cuestión tornó dramática e irresuelta desde el momento que, antes de la llegada de más de un millón de personas, se planteó desde los medios, las redes sociales y el boca a boca de los marplatenses.

¿La respuesta?…pretextos, datos lanzados sin demasiado fundamentos, la inagotable culpa de la pandemia y la inseguridad -que sin dejar de suponer verdades indiscutibles debió disparar entonces la liberalización, anulación o interdicción de licencias que permitiesen que el servicio lo prestasen quienes pese a todo quisiesen brindarlo- y las eternas discusiones acerca de habilitar o no el servicio de las nuevas plataformas a las que se señala como invasores pero a las que no se le opone la fuerza del trabajo y el cumplimiento de responsabilidades.

Si no partimos del convencimiento de que estamos frente a un servicio público y que el interés general está por encima del particular, sectorial o corporativo no avanzaremos como comunidad ni en este tema ni en ningún otro.

La organización laboral argentina, y muy especialmente la marplatense, ha llegado a un límite que jamás debió superarse: la frenética defensa de supuestos derechos laborales disparó una informalidad que en el caso del transporte se extiende como una mancha de aceite y amenaza con convertir las calles en escenario de una actividad marginal, insegura y una verdadera trampa mortal para los usuarios de servicios precarios sin cobertura alguna.

Pero la gente necesita trasladarse y la inacción de las autoridades y la oposición cerril de quienes ni trabajan ni dejan trabajar la obliga a la búsqueda de alternativas propias de ciudades subdesarrolladas y apartadas de la legalidad.

Alguien debe animarse a pagar el costo político que corresponda y poner fin a esta vergüenza. O aceptar que gobernar no es para cualquiera…

 

 

 

Así esperan marplatenses y visitantes un taxi o un remise en el aeropuerto Asror Pizzolla