30 AÑOS DE UN VERDADERO ORGULLO

Hace tres décadas el estado juzgó a los jerarcas militares que condujeron al país en los tiempos oscuros del Proceso. Como nunca antes y jamás después, la Argentina supo ser una república.

Eran tiempos aún duros, con un poder militar casi intacto como quedaría demostrado un par de años después con los planteos militares que se iniciaron en Semana Santa de 1987 y que no culminarían hasta entrados los 90.

Los comandantes de la soberbia sentados en el banquillo de la justicia

Los comandantes de la soberbia sentados en el banquillo de la justicia

Había que tener coraje para enfrentar aquel poder y fue Raúl Alfonsín, en cumplimiento de una promesa de campaña realizada tras denunciar un pacto militar-sindical que representó el principio de la catástrofe del peronismo, quien asumió la responsabilidad de poner en juego una democracia que rendida no servía para nada.

Y la gente lo acompañó, y los jueces y fiscales tuvieron el coraje necesario como para avanzar, y los centenares de testigos de cargo mostraron un coraje más allá de lo humano para contar -con espeluznantes detalles- el sufrimiento vivido en manos de los asesinos.

Imágenes, palabras y nombres que quedaron grabados para siempre en la memoria de los argentinos.

Después vendría la claudicación, los indultos, las leyes equívocas y  por fin el uso inmoral de un tiempo doloroso de la historia en beneficio de una facción indigna capaz de mentir la historia para apalancar sus ambiciones.

Alfonsín y Strassera: los símbolos de un país de pie

Alfonsín y Strassera: los símbolos de un país de pie

Pero nada haría que olvidásemos aquellas horas y aquellos hombres. A los que 30 años después, encarnados tal vez en la figura política de Alfonsín y en la enjundia jurídica de Julio César Strassera, la sociedad le rinde el justo homenaje que merecen los que entienden cual es el valor de la justicia.

Y con quienes repetimos todos, como un rezo laico, aquel «Nunca Más» que se nos metió en el alma para siempre.