El desafío de trasladarse por Río y llegar a alguna parte

Escribe Adrián FreijoCuando las autoridades se plantearon evadir durante los Juegos el caótico transporte carioca seguro no pensaron encontrar tantas dificultades y demoras.

Tránsito infernal, buses con exceso de velocidad, un metro sin terminar y una ciclovía hecha añicos convierten a Río en una verdadera pesadilla de la que no escapan siquiera los expertos conductores de taxi. “Esto estaba abierto esta mañana… y ya lo cerraron” nos dice uno de ellos que se disculpa por la cantidad de intentos que debe realizar para pasar tan solo al otro lado del mítico Arco de Lapa.

Y el hombre no miente ni intenta la clásica avivada –tan porteña como el Obelisco- de justificar así un mayor recorrido y ganarse unos reales extra. Nada que ver, la fuerte presencia de personal municipal y policial ordenando el caos indica que efectivamente el cierre –con gruesas columnas de hormigón que parecen indicar un largo tiempo de permanencia- es muy reciente.

Por estas horas Río es un aquelarre por el cual es muy complicado transportarse; al menos en superficie.

La moderna red de Metro, con una puntualidad e higiene que permiten lucir las magníficas estaciones y los flamantes vagones, sigue siendo por ahora el medio más rápido y cómodo de cruzar la Cidade Maravilhosa. Pero solo por ahora.

En los próximos días llegarán aproximadamente 450.000 visitantes de todo el mundo y entonces todo el sistema colapsará.

Se pensó en fomentar fuertemente el uso de las ciclovías pero el siniestro que hace un par de meses costara la vida de dos personas –y que puso en evidencia que el apuro por finalizar las obras atentó contra la calidad y seguridad de las mismas- ha sumergido a las autoridades en una honda preocupación. ¿Era el único tramo defectuoso?, ¿Qué pasa si hay otros en similares condiciones y muere algún visitante?

Lo cierto es que la publicidad aconsejando el uso de ese medio de transporte ha quedado reducida a su mínima expresión.

Durante los Juegos Olímpicos, unos 260 km de carretera serán marcados y reservados para el traslado de los atletas, funcionarios y periodistas. Se busca con ello reforzar la seguridad y además garantizar la llegada de todos ellos en los horarios programados. Tratar de hacerlo por los carriles normales sería un absurdo;  unir Copacabana, Ipanema o Centro con los escenarios de Barra no llevará por esos días menos de dos horas y media.

El nuevo sistema consta de una nueva línea de metro de 16 km que mientras esto escribimos no ha sido terminada ni inaugurada y se encuentra en plena ejecución aunque los periodistas hemos sido invitados a su inauguración el día 4, es decir a 24 hs. del inicio de Río 2016,  156 km de corredores de buses expresos (BRT) y 28 km de tranvía moderno, que conectará a toda la ciudad, incluidos los aeropuertos internacional y doméstico. Todo este enlace, debido a las demoras en la ejecución, todavía está en veremos y arrancará sin posibilidad alguna de controlar previamente su funcionamiento.

El objetivo es que 63% de la población use el transporte público, frente a apenas 18% siete años atrás, reduciendo de ese modo el flujo de automóviles y autobuses.

Si se logra los organizadores podrán colgar en sus cuellos una bien ganada medalla dorada por haber batido al rival más enjundioso que, junto con la seguridad, deberán enfrentar a partir del arribo del mundo entero a estas playas: el transporte público carioca con sus nuevas unidades y sus viejos vicios.

No será fácil.