A.R.A San Juan: entre la razón, la política y la esperanza de las familias

Redacción – La decisión de suspender la búsqueda de los marinos -no del submarino- se basa en la lógica de los días transcurridos y la pérdida de esperanza de vida. Pero…¿se hizo lo posible?.

La pregunta tiene una sola respuesta: si lo que se intentó fue en base a TODA la información disponible, entonces podemos aceptar que la más cruda lógica se impuso y se llegó a un punto de inflexión en el que la posibilidad de supervivencia salió definitivamente de escena.

Pero ocurre que muchas zonas grises, otras tantas contradicciones en el mensaje, la aparición tardía de información trascendental y los rumores -siempre los rumores- de serias desinteligencias entre la Armada y el gobierno, abonan la sospecha de que alguna cosa no estamos sabiendo o que parte de la verdad no salió aún a la luz.

No sabemos si la nave aparecerá ahora, después o nunca. Pero no cabe duda de que deben ser muchas las medidas de investigación que el Ejecutivo debe disponer para que el caso del A.R.A. San Juan no sea otro más de los tantos que quedan para siempre bajo el manto de la sospecha. Otro Once, otro Cromañón, otro Nisman, otra AMIA, otra Embajada de Israel.

Y una vez corrido el velo de lo ocurrido, Argentina debe plantearse en forma urgente el estado terminal de sus Fuerzas Armadas.

Aviones que no vuelan, soldados que no entrenan, naves antiguas y sin mantenimiento, requieren decisiones políticas serias, planificadas e inmediatas. Ya de nada sirve sostener que somos un país de paz y que no desarrollamos ninguna hipótesis de conflicto bélico.

Lo ocurrido con el San Juan demuestra que aún en tiempos de paz es necesario que el material militar y quienes lo manipulan estén no solo capacitados sino también mantenidos y entrenados. La búsqueda del submarino se demoró porque nuestro equipamiento no era suficiente para lograr su localización, y debió esperarse que desde el mundo entero enviasen la ayuda necesaria como para comenzar el rastrillaje una semana después del siniestro.

Somos una nación indefensa, en la guerra pero -lo sabemos ahora- también en la paz. Y eso es muy grave en un siglo que estará enmarcado por la violencia, a veces disfrazada de terrorismo y muchas más de lo que será, luego de su primera mitad, una monumental disputa por los recursos materiales. Y Argentina, seguramente uno de los principales objetivos en la materia, deberá resignarse a entregar su riqueza ante la imposibilidad de defenderla.

Por eso, pasado el duelo que es de todos y todos debemos vivir, es llegado el momento de tomar decisiones históricas que dejen atrás las estupideces ideológicas de minorías fanáticas y pongan la mirada en el siglo XXI y en las graves consecuencias de tratar de surfearlo sin capacidad de defensa.

Porque la marketinera frase de “todos somos el San Juan”…se puede volver realidad.