TOMANDO EL TE CON YIYA MURANO

No basta con reformar el sistema de votación si no cambiamos los intérpretes. Si no es lo mismo que creer que el riesgo de tomar el té con Yiya Murano se evita haciendo que cambie de receta.

Claro que este anticuado sistema de voto que hoy padecemos los argentinos es una tentación para los amantes del fraude y las mañas. Quienes han intentado participar de la vida institucional del país tratando de cambiar las cosas, y lo han hecho desde pequeñas estructuras partidarias que no aceptaron jugar con las reglas impresentables de los grandes partidos, saben lo que es padecer la falta de fiscales, la ruptura y robo de boletas en las mesas o el absoluto descontrol en el momento del recuento.

Lo ocurrido ahora en Tucumán -que ojalá sea la gota que rebasó el vaso- puede indignar pero no puede sorprender.

La democracia argentina venía en falsa escuadra desde hace mucho y esta hecatombe tucumana no es más grave que aquellas maniobras que citamos más arriba o las candidaturas testimoniales que en 2009 ofrecieron a la ciudadanía la alternativa de votar a quienes mentían su carácter de postulantes.

Por eso más allá de cambiar el sistema es fundamental que variemos el elenco de actores. Cualquier forma voto en manos de estos políticos será una nueva puerta a la vieja trampa.

Porque son ellos, y solo ellos, los que desprecian la voluntad ciudadana, el espíritu de la Constitución y el valor de la democracia.

Entonces terminaríamos cayendo en la estupidez de creer que no sería un riesgo tomar el té con Yiya Murano (1) con el único expediente de pedirle que cambie la receta de sus famosas masitas.

Porque el problema no estaba en el sabor sino en la cocinera.

 

(1) María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano (20 de mayo de 1930) más conocida como Yiya Murano (la envenenadora de Monserrat) es una asesina y estafadora argentina. Condenada por tres homicidios, estuvo presa durante dieciséis años.