AFA y Selección Nacional: no es para todos “la bota e’ potro”

Por Adrián FreijoUn día lleno de papelones  como tarjeta de presentación a un fútbol argentino que no deja de batir sus propios límites de incoherencia. Pero no olvidemos…es la Argentina.

Tal vez los dirigentes de la AFA crean que el papa Francisco dedica horas de su tiempo a mirar por televisión los ataques de histeria de Horacio Pagani, con la obsecuencia engolada con la que Martín Arévalo se gana sus espacios -y seguro que algo más- justificando cada desmán conceptual del seleccionado y sus protagonistas, los desenfrenos de Flavio Azzaro o la despectiva actitud de Oscar Ruggeri pretendiendo que solo los que estuvieron dentro de una cancha tienen derecho a hablar de fútbol.

Pero no es así; creemos estar en condiciones de afirmar que el pontífice dedica gran parte de su día a otras cosas más importantes que esta vedetonga realidad de nuestro principal deporte, en el que se mezclan los caprichos infantiles de sus protagonistas, con los escándalos y ansia de figuración de sus parejas y la corrupción impactante de los dirigentes. Nadie sabe como juega Ansaldi..pero todos sabemos como se baña.

Si no existiese esa confusión, seguramente todos los protagonistas habrían tomado nota de la necesidad de comunicar con tiempo al Vaticano que se había resuelto desechar la entrevista arreglada desde fines de mayo y a la que Jorge Sampaoli resolvió vetar porque podía hacer perder horas fundamentales de entrenamiento a un plantel que en las horas previstas para el encuentro  estaba licenciado, sin control alguno y muy lejos de la concentración y la práctica en que todas las demás selecciones del mundo ocupan su tiempo.

Esos mismos dirigentes no tomaron nota de un conflicto que viene desde 1947, que costó miles de muertos, y que en estas  horas atraviesa uno de los picos más peligrosos de su escalada de 70 años. O al menos no consultaron con la cancillería argentina, que seguramente hubiese aconsejado que no era el momento adecuado para poner la cabeza en la boca del león.

El partido en Jerusalén, epicentro de un momento de definiciones en las que Donald Trump y sus aliados israelíes resolvieron patear el tablero e imponer “soluciones” unilaterales, se convirtió en un estallido de furia palestina, un rosario de amenazas y un riesgo tan concreto como innecesario que tal vez pudo culminar en un verdadero desastre. Y todo para que el papá de Lionel Messi, ese hombre condenado por evasión por la justicia española, hiciese un millonario negocio que solo llevaba agua para su molino.

Un verdadero disparate en el que seguramente terminaron interviniendo las familias de los otros jugadores: es demasiado peligroso quedar para siempre en la mira de los fundamentalistas para que el Sr. Jorge Messi sea algo más millonario de lo que ya es.

¿Entonces?…todo para atrás. Ni el Papa, ni el partido en Tierra Santa, ni el debido entrenamiento…ni saber siquiera como formará el medio campo. Nada… solo papelones, contradicciones y muestras de improvisación en una delegación a imagen y semejanza del país que representa.

Lejos quedó el tiempo en el que Argentina brillaba en el mundo del fútbol cuando  los equipos de José Pekerman no solo ganaban campeonatos en todas las categorías formativas si no también el premio Fair Play al buen comportamiento,  que indicaba que en las divisiones inferiores se pensaba en algo más que vender jugadores cada vez más jóvenes. Hoy, sin títulos ni ejemplos, la decadencia del mundo AFA es tan estruendosa como la de un país que ha perdido el rumbo que podía guiarlo hacia un círculo virtuoso.

Que además ha logrado, en un solo día, el récord de ofender a un mismo tiempo a cristianos, judíos y musulmanes.

Y todo en el nombre del fútbol…