Aislamiento: Los gobernantes comienzan a perder el rumbo

Por Adrián Freijo«Haz lo que yo digo y no lo que yo hago» sostiene el viejo adagio popular. Por estas horas desde todos los niveles de gobierno ello parece convertirse en dogma y acción.

Durante las primeras semanas de la crisis sanitaria que nos afecta pareció que la preocupación y el miedo iban a conseguir reivindicar la necesaria relación entre gobernantes y gobernados. La ciudadanía, en forma contundente y mayoritaria, aplaudió las respuestas que desde el gobierno -nacional, provincial y municipal- se plantearon para lograr que el país sufriese el menor daño  posible ante la pandemia.

Pero hoy todo parece volver a la normalidad…

Las marchas y contramarchas oficiales, la palabra engolada y doctoral que se contradice con los hechos, la confusión informativa que habla de la endeblez de los datos y ya comienza a despertar en el ciudadano la sospecha de manipulación, las peleas mal disimuladas por espacios de poder y esa sensación de que vuelve a aparecer en el horizonte el «ellos y nosotros» que se ha convertido en parte de la realidad de este tiempo, encienden una luz de alarma sobre lo que está pasando y muy especialmente lo que puede ocurrir de aquí en más.

«No me va a temblar la mano para volver atrás con la flexibilización» dice Alberto Fernández, repite Axel Kicillof y replica Guillermo Montenegro. «Son unos irresponsables» lanza como letanía el trío de cabezas de gobierno. Y todos presumimos que la cosa va en serio y que esta vez las normas están para cumplirse…

Pero pasan los días, todos observamos una creciente violación del aislamiento y además percibimos que la crisis está lejos de haber pasado, a punto tal que no son pocos los que creen que aún  queda por delante lo peor.

Y las palabras siguen llenado el aire y el tono amenazante hacia los violadores de lo dispuesto va creciendo y…los hechos no se corresponden con semejante enjundia. Todo sigue en un crescendo de «me importa un pito» que otra vez obliga a pensar que en Argentina el que cumple las normas es un estúpido.

Y en este contexto pareciera que la única idea que asoma en el horizonte es la de meter otra vez la mano en el bolsillo de los trabajadores, los jubilados y los pequeños comerciantes y empresarios para encarar lo que se viene.

Sería bueno que nuestra dirigencia pusiese las barbas en remojo y comprendiese que esta puede ser su última oportunidad. Si la gente se cansa o percibe que la están engañando, la respuesta será seguramente arrasador.

Vienen tiempos difíciles, en los que la precariedad económica tejerá un maridaje siniestro con el necesario cambio de costumbres sociales que será menester para no recaer en una enfermedad que nadie sabe cuando tendrá cura definitiva. ¿Pueden los gobernantes liderar en tales circunstancias a una ciudadanía que dude de su seriedad y capacidad?. Es claro que no…

Tal vez esta nota sea un ejercicio de anticipación. Todas las encuestas demuestran que todavía un porcentaje muy alto de argentinos acompañan las medidas que el gobierno ha tomado en este tiempo; pero la realidad indica que cada vez menos las cumplen. Y ya sabemos que en nuestro país primero se rompe el vaso y solo después se dice que no nos gusta.

Cuidado…si no estamos dispuestos a sancionar a los antisociales, mejor no los señalemos con el dedo porque puede parecer que ellos cuentan con impunidad…

Si no tenemos datos confiables busquemos la forma de conseguirlos; la gente percibe que hay algo que no le están contando y que ese algo es de gravedad…

Y sobre todo…hagamos que por una vez los cumplidores sientan que su actitud tiene el premio del reconocimiento y vean el castigo a quienes siguen creyendo que la realidad es una masilla a moldear a su propio antojo.

Si esto se pierde de vista, este ejercicio de anticipación se convertirá en una crónica de un final anunciado. 

Es de manual…