Alberto Fernández: un gabinete negociado y con final abierto

Por Adrián FreijoEl presidente electo dio a conocer su equipo de colaboradores en el contexto de una conferencia de prensa en la que primó la prudencia. Clara impronta de Cristina.

No hubo sorpresas pero si la evidencia de la fuerte injerencia de CFK en a conformación del equipo del nuevo presidente. Quien diga que el gobierno está armado a su medida estará faltando a la verdad, tanto como quien pretenda que nada tuvo que ver.

Estamos frente a un ejercicio de equilibrio político que será difícil de sostener y habrá que esperar el armado de las segundas y terceras líneas para saber quien arranca ganando una puseada que, aunque muchos pretendan negarla, está en el ADN del Frente de Todos.

Santiago Cafiero, un amigo del Presidente con fuerte alcurnia política, será Jefe de Gabinete. Uno de los pocos casos en los que se nota la mano exclusiva de Alberto, aunque Cristina no ve con malos ojos al nieto del mítico dirigente peronista Antonio Cafiero e hijo de Juan Pablo Cafiero, el hombre elegido por ella y Néstor Kirchner para llevar adelante aquella campaña sucia desarrollada en el Vaticano para evitar la designación de Jorge Bergoglio como nuevo Papa tras la renuncia de Benedicto XVI. Si bien nunca integró La Cámpora, la ex presidente lo considera ideológicamente cercano a sus propias miradas.

Martín Guzmán, es el elegido para ocupar el Ministerio de Economía. Es doctor en Economía de la Universidad de Brown, EEUU, y actualmente se desempeña como Asistente de Investigación en la Universidad de Columbia, donde además dirige el programa de Reestructuración de Deuda el discípulo de un Premio Nobel elegido para renegociar la deuda.

Llega al gabinete a instancias de Cristina Fernández -se sabe que no era el elegido del nuevo mandatario que pretendía colocar en esa cartera a un hombre del Grupo Callao- y destaca por su relación con el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, el preferido de la ex presidenta por su posición contraria al FMI al que critica ácidamente.

«Wado» De Pedro se hará cargo del Ministerio del Interior. Si bien fue líder de La Cámpora, casi en un pie de igualdad con Máximo Kirchner, es un dirigente que construyó su propio poder bajo el paraguas de Cristina, de la que tomó distancia estratégica pero con la que mantiene una línea de absoluta lealtad pese a no compartir los términos de la conducción política de la ex mandataria. Supo tejer una relación fluida con los gobernadores -especialmente con algunos «rebeldes» como Juan Schiaretti– lo que garantiza un espacio de negociación que será fundamental para asegurar el equilibrio fiscal.

Felipe Solá, un peronista que supo abrevar en todos los mares ieológicos del movimiento, y que logró reinventarse en cada ocasión, ahora se enfrentará como Canciller a una región convulsionada y en la que el color ideológico parece entrar en conflicto permanente con la posición que sostiene Cristina y el ala progresista del gobierno. No parece la figura más indicada para sostener ese equilibrio, pero habrá que verlo andar para poder juzgar su accionar.

Agustín Rossi desde el Ministerio de Defensa buscará revertir la imagen que del kirchnerismo existe en las Fuerzas Armadas. Reconoce en privado que la realidad ha cambiado mucho desde que ocupara ese mismo cargo durante la gestión anterior, ya que hoy ha reaparecido el fantasma de las intervenciones militares en la región y eso haría muy dificultoso volver a aquella política de agresión que caracterizó el trato de Néstor y Cristina a los militares. El perfil de algunas designaciones en Seguridad, Género y Derechos Humanos y en el nuevo Ministerio de la Mujer, Género y Diversidad da a suponer que para la ex presidente esos cambios no se han producido. Deberá hacer un fuerte equilibrio pero sabe que Alberto está más cerca de su pensamiento que de la confrontación.

Matías Kulfas, el ministro de Desarrollo Productivo, es aquel que el nuevo mandatario pensaba para Economía. Y ahora que tendrá la difícil tarea de que la economía crezca, debera esperar que las cuestiones pendientes con el Fondo se encaminen hacia una solución. Y será el Plan B del presidente para el caso en que la línea dura de Guzmán fracase.

Ginés González García, un histórico peronista que apoya el aborto legal y defiende la salud pública vuelve al Ministerio de Salud que ya lo tuvo como titular. También impuesto por Cristina -lo ve como el ariete perfecto para avanzar en la cuestión más polémica de los últimos años- se sabe con espalda suficiente para confrontar con los sectores conservadores y aún con la Iglesia Católica. Como Guzmán, corre el riesgo de sufrir un desgaste prematuro que condicione su gestión.

Abogada feminista y defensora de Milagro Sala, Elizabeth Gómez Alcorta será la primera ministra de la Mujer, Género y Diversidad y es una clara imposición de Cristina en el gabinete. Es una abogada especializada en Derechos Humanos que representó a diferentes víctimas del Terrorismo de Estado en juicios por causas de lesa humanidad y está destinada a ser la vocera de las posiciones más progresistas y feministas del nuevo gobierno.

Tristán Bauer, el nuevo Ministro de Cultura de la Nación, es otro de los hombres de Cristina en el equipo de Alberto. En 2008, fue nombrado por ella director del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, sitio desde el cual se despertaron no pocas polémicas por el destino de los fondos aplicados a las producciones nacionales y por el criterio de selección utilizado por el funcionario.

Su anteúltimo trabajo se tituló El camino de Santiago. Desaparición y muerte de Santiago Maldonado estrenado en 2018. El guión lo hizo en coautoría con Florencia Kirchner, la hija de la ex presidenta. En estos días comenzará a proyectarse  Tierra arrasada, un retrato documental muy crítico de la presidencia de Mauricio Macri.

Sabina Frederic, la nueva ministra de Seguridad, llega al cargo precedida por una polémica que dejó al desnudo su perfil ideológico: aseguró que calificar a Hezbollah como una organización terrorista es “comprar un problema que no tenemos”, que la determinación que tomó el gobierno de Mauricio Macri “fue una exigencia de Estados Unidos” y que «el terrorismo es un problema de los países de la OTAN, no es nuestro”. Pese a pertenecer al Grupo Callao que orienta Alberto fernández todos coinciden que sus posturas coinciden con el pensamiento en materia de seguridad de Cristina Fernández y Eugenio Zaffaroni. 

“Algunos creerán que es mejor que haya más gente presa. El problema es que esa cantidad de personas detenidas, lo que es un daño innecesario sobre personas que en ciertos casos podrían ser sancionadas a través de penas más blandas, no ha modificado los patrones delictivos y mucho menos la oferta de drogas, ni el consumo de drogas» dice para que no queden dudas del perfil garantista de sus postulados.

Nicolás Trotta, flamante Ministro de Educación, es un hombre cercano al Secretario General de SUTERyH, lo que le valió que Santamaría lo pusiera al frente de la Editorial Octubre, que pertenece al Grupo Octubre y hoy gestiona las revistas Caras y Caretas, Página 12, Diario Z, Revista PIN, El Planeta Urbano y las emisoras de radio AM 750, Radio Oktubre FM, FM 89.1, Radio GOL FM 94.7, Radio Palermo FM 93.9 y Radio Malena, todas de la Ciudad de Buenos Aires.

Para el Ministro, incentivar que los sectores populares accedan a una formación universitaria, a pesar que sus padres ni siquiera hayan terminado la escuela secundaria, es clave y por eso celebró y acompañó la fundación de casas de altos estudios en el conurbano bonaerense durante la gestión de Cristina.

Gabriel Katopodis, el elegido para Obras Públicas es el encargado de garantizar a los poderosos intendentes bonaerenses que esta vez no deberán pasar por las manos de funcionarios como Julio De Vido o José López para conseguir cosas para sus distritos. Aunque es una de las pocas cajas que Alberto pudo escamotear a la angurria de La Cámpora ya que ésta logró quedarse con el PAMI, a cuyo frente instaló a Luana Volnovich, de quien se dice es la pareja actual de Máximo Kirchner,  y en la AFIP a Mercedes Marcó del Pont quien, pese a tener una buena relación con el presidente, reporta directamente a Cristina.

Para Sergio Massa, a quien le birlaron la estratégica Secretaría de Administración de la Cámara de Diputados -que también quedó para La Cámpora-Cristina- le quedó el premio consuelo de la designación de su esposa Malena Galmarini en AYSA, aunque su expectativa era la de manejar el Ministerio de la Mujer. Una caja menor…pero caja al fin.

Y por último Daniel Arroyo  quien como ministro de Desarrollo Social dio a conocer durante la transición el conjunto de políticas que tiene en carpeta: un plan intersectorial contra el hambre, que tendrá fuerza de ley; la ley de góndolas, el escalamiento productivo de las cooperativas de la “economía popular” y la tarjeta subsidiada para cerca de 2 millones de personas que “comen salteado” y que se calcula en el 9,3% de la población. Es otro de los nombres consensuados entre Cristina y Alberto, aunque la santacruceña no le perdona haber saltado hacia los brazos de Massa cuando el tigrense era todo críticas al kirchnerismo. Claro que para llevar adelante sus planes, Arroyo deberá contar con un flujo de fondos que hoy todos se preguntan de donde saldrán.

Queda para el final «el gran controlador»: Carlos Zaninni, el ex Secretario Legal y Técnico,  será el futuro Procurador del Tesoro en un claro mensaje de Cristina sobre el manejo absoluto de los abogados del Estado, con los que deberá intervenir en causas que involucran a Mauricio Macri como el juicio por la deuda del Correo Argentino y el blanqueo de los familiares del presidente. Con su designación la ex presidente se asegura una venganza que ciertamente ronda su espíritu como quedó demostrado en el desborde emocional que padeció en ocasión de su declaración indagatoria en el juicio que se le sigue por la obra pública irregular, en la que llegó a amenazar al tribunal en foma pública y sin ocultamientos. Aquí Alberto tendrá un serio problema que lo obligará a poner en evidencia si realmente quiere contener los excesos de su compañera de fórmula o simplemente es un testaferro político de un tiempo que será igual al que supo dividir a la sociedad argentina.

Por ahora un gabinete de pretendido equilibrio de poder deberá salir a la cancha el próximo martes. Lo demás lo dirá el tiempo…

 

 

Daniel Arroyo, la segunda oportunidad para el ministro que busca erradicar el hambre

 

 

 

 

 

Malena Galmarini, que conducirá AySA