Alberto, por favor, «callate, callate, callate…que me desorientas»

«Caducan los permisos y el transporte público se habilita sólo para trabajadores esenciales» anunció el presidente, confundiendo a la gente aún más de lo que está. ¿Quién maneja la comunicación oficial?.

«El problema no es la cuarentena, el problema es la pandemia», indicó el presidente, quien brindó una entrevista al noticieron del canal Telefé. Y a partir de esta compleja afirmación el mandatario comunicó medidas restrictivas en las que no logró dejar en claro a quien alcanzaban, cuando comenzaban y que había que hacer para prolongar las autorizaciones.

Afirmó que a partir de las 0 hs. de hoy (que luego se aclaró que era de mañana) caducarán los permisos para el transporte público en la zona del AMBA, y aseguró que en los últimos días “aumentaron los contagios, la movilidad y la ocupación hospitalaria», por lo que llamó a «estar atentos», y señaló que el coronavirus «circula en todos los barrios”.

“Tenemos que bajar el nivel de tránsito para bajar los contagios. Hoy tuvimos una mirada común en la reunión que mantuvimos con (el vicejefe de Gobierno porteño) Diego Santilli y (el gobernador de Buenos Aires) Axel Kicillof”, señaló el mandatario.

Por otro lado, el jefe de Estado aseguró que se siente «espléndido» y que lo que sucedió es que lo llamó su médico pidiéndole que sea «cauto» debido al incremento de contagios, y explicó que por ese motivo se queda en la residencia de Olivos realizando sus actividades.

El Presidente consideró que «el problema no es la cuarentena, sino la economía», ya que «los ciudadanos prefieren preservarse, quedarse en su casa y consumir menos» y asumió que el problema que genera es en «los comercios», que no logra reactivarse en el AMBA, a diferencia de lo que ocurre en las provincias del interior del país, donde las industrias están funcionando.

Sin embargo tras sostener esa teoría dio marcha atrás y afirmó que sabe “cómo volver de los problemas económicos, pero de que la pérdida de la vida no se vuelve”, y aseguró que tiene «un compromiso ético es con la salud».

“¿Querían salir a correr?, salgan, ¿querían abrir los comercios?, abran… y acá están las consecuencias» admonizó, dejando la sensación de que tales medidas de flexibilización le fueron arrancadas por la presión social y en contra de su voluntad. Difícil configurar esa hipótesis con su anterior afiirmación con respecto al compromiso con la salud. ¿Es lógico que semejante compromiso sea abandonado por las quejas ciudadanas?, ¿es un estadista quien así obra o tan solo un más de los políticos tradicionales de este país que ha llegado a la postración por la carencia de dirigentes capaces de decir NO frente a tantos caprichos de una sociedad acostumbrada a no pagar precio alguno por sus errores?.

Un verdadero catón de como no debe ser la comunidad oficial y la necesidad de aconsejar a nuestro presidente que deje en manos de profesionales el contacto informativo con la sociedad, tome conciencia del peso de la palabra presidencial y, sobre todo, no caiga en el error de su antecesora que terminó hartando a la gente con un exceso de palabras que, como en este caso, poco tenían que ver con las necesidades de las personas.

¿Y cuales son esas necesidades?…pocas, que se hable poco, concreto y con criterio.

La comunicación de los actos de gobierno tiene una singular importancia en la relación de la sociedad con sus mandatarios y sirve para cohesionar al pueblo con sus dirigentes o para alejarlo cada vez más de la acción común. Cuando la gente percibe que el mensaje se improvisa, o siente que es subestimada por quien tiene la obligación de explicar con claridad de que se trata el manejo de la cosa pública, comienza un alejamiento que no tarda en ser definitivo. Sólo los fanáticos, cerrados a la utilización de la conciencia crítica, terminan aplaudiendo embelesados a quien hoy dice una cosa y mañana otra.

Ojalá lo entienda Alberto…así podemos seguir disfrutando de Quico…