Alberto: Un discurso con mucha política y pocas propuestas

Por Adrián FreijoEl discurso de apretura del año legislativo fue más efectista que efectivo. En cada tema destiló ideología pero en ninguno se aportó plan alguno para el crecimiento.

Pese a estar presentes todos los temas que se suponían -aborto, deuda pública, inflación- en el discurso del presidente Alberto Fernández frente a las cámaras del Congreso pareció vacío de propuestas y dejó la sensación de que en estos tres meses de gestión se ha recurrido con más intensidad a los anuncios y medidas coyunturales que a la construcción de un plan de gobierno consistente y claro en los objetivos.

Y fue en el tramo dedicado a la cuestión que el propio gobierno convirtió en prioritaria, la deuda externa, donde esta carencia se hizo más notoria: tras reiterar como un éxito propio el lamentable hecho de que acreedores y gobiernos amigos hayan reconocido la incapacidad del país para honrar sus compromisos, el presidente volvió a la carga sobre cuestiones trilladas como «una negociacióbn sustentable», «no pagar sobre el hambre de la gente» y «el necesario recorte de la deuda», para volver a cargar sobre la anterior administración marcando la irresponsabilidad en el endeudamiento.

Claro que si se miran los resultados de las cuentas fiscales -que en lo que va del año han visto crecer los egresos por sobre los ingresos en más de un 10% demoliendo el único equilibrio de cuentas logrado por el macrismo y que durante toda su gestión defendiese a capa y espada el propio Néstor Kirchner– no podemos dejar de preguntarnos como hará el ministro Guzmán para convencer a los acreedores que Argentina podrá generar los fondos necesarios para encarar el pago de sus obligaciones.

Las esperanzas oficiales están puestas en la recaudación que pueda generarse con el crecimiento de las retenciones a la soja (3%) en esta primera etapa y las seguramente aplicadas al trigo y al maíz allá por el mes de junio. medidas que hoy no parecen muy recomendables si tenemos en cuenta dos datos de la realidad que ni el voluntarismo del relato kirchnerista podra soslayar: la caída del precio de las materias primas en todo el mundo y la fuerte recesión en nuestro segundo cliente que es China -como consecuencia del coronavirus- y lo que esto afectará al prinicpal socio comercial del gigante oriental y al mismo tiempo de nuestro pais, Brasil.

Apretar al campo, la única actividad moderna y pujante de nuestra golpeada economía, para exprimirle lo que los mercados internacionales no van a darle suena a un prejuicio ideológico del peronismo clásico contra la «oligarquía ganadera» que una mirada inteligente sobre la realidad. Para ponerlo en blanco y negro: huele a Cristina y sus tirrias y no a una visión política adecuada.

Con respecto al aborto, el apuro del presidente indica que quiere sacar lo antes posible el tema de su órbita y luego, ya con las miradas apuntando al Congreso, instalarlo en el centro de la escena en la esperanza de que acapare la atención pública y quite la mirada de una economía que toda hace pensar no va a despegar, al menos en los próximos meses.

«Dentro de los próximos diez días, presentaré un proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo que legalice el aborto en el tiempo inicial del embarazo y permita a las mujeres acceder al sistema de salud cuando toman la decisión de abortar», anunció, al mismo tiempo que trataba de equilibrar la balanza adelantando proyectos de apoyo para aquellas mujeres que, aún en situaciones extremas, quieran mantener su materinidad.

Seamos claros: Alberto sabe que hoy el proyecto abortista no pasa el filtro del Senado. Tal vez por eso el apuro, que suena a un «ahí va…arréglense ustedes». Así, nadie podrá señalarlo con el dedo como reticente a tratar la ley. Que salga, es otra cosa…

«La lucha contra el hambre es nuestra prioridad, porque comer no puede ser un privilegio», aseveró el mandatario. «Pusimos en marcha, de modo plural y participativo, un plan que aspira a que todos los argentinos, sin distinción alguna, se conviertan en actores de la epopeya que supone derrotar al hambre que asola a nuestros compatriotas», reflexionó el Presidente.

Que el país necesite de una tarjeta alimentaria para más del 20% de sus habitantes que hoy están en riesgo de no acceder a los nutrientes básicos para sobrevivir, y que ello ocurra cuando el partido que el mandatario representa gobernó 25 de los 37 años que lleva la democracia desde su retorno, debería ser motivo de vergüenza y silencio y no de enumeración de éxito alguno. Pero ya sabemos que en la Argentina el pudor hace mucho que sacó pasaje solo de ida….

Ni que decir acerca de la pretendida preocupación por los jubilados, cuando desde todos los sectores se coincide en afirmar que la derogación de la Ley de Movilidad amén de ilegítima represnta una fuerte caída de la capacidad de compra de la clase pasiva. Y ni hablar del «exito» de los medicamentos gratis: hasta la asunción de Alberto el Vademécum PAMI reconocía 370 y ahora han quedado en 170. Sin palabras…

Por último, y salvo algunas generalidades y buenas intenciones, no se escuchó un solo anuncio tendiente a atraer inversiones genuinas, promover el crecimiento del sector productivo privado por sobre el estatal y la generación de trabajo genuino tras la reformulación de una legislación que pide a gritos ser revisada por antigua y a espaldas del mundo. Los tres temas centrales a resolver si queremos, por fin, volver al círculo virtuoso del desarrollo.

La reforma del sistema judicial -algo que lejos está hoy de las prioridades del ciudadano de a pie- puede ser enunciado de la forma que al gobierno se le antoje. Nosotros, todos, sabemos que solo se trata de la colonización de la justicia y de asegurar la impunidad a quienes han sido procesados por actos de corrupción. No somos tontos, aunque a veces nos tomen por ello….

Un discurso que no aportó elementos para saber hacia donde vamos, que estuvo plagado de generalidades e ideologismos y que tuvo mucho más que ver con mostrar «el tono» del gobierno que «el fondo» del estado.

Pero que genera muchas dudas acerca de aquello que todos nos preguntamos: ¿sabe Alberto hacia adónde apunta la proa del barco?. Por ahora no está claro…