ALBERTO Y CRISTINA: LA GUERRA QUE CRECE ENTRE MIEDOS Y LENGUARACES

El tema se incorporó al debate abierto de la política argentina. La ex mandataria vive tirando flechas envenenadas y Alberto parece comenzar a cansarse de esquivarlas. Así el país entra en una zona de riesgo que debemos evitar.

Durante meses se instaló la convicción de que tarde o temprano el choque sería inevitable. Quienes conocen a Cristina, y mucho más quienes la imaginan, no ocultaban su preocupación por el centrismo que ha sido desde siempre la obsesión de la ex presidente. Si hasta supo notarse su incomodidad por el protagonismo absoluto de su marido en tiempos en los que nadie dudaba quien era el jefe del proyecto.

Alberto es todo lo contrario. Acostumbrado a su carácter de operador políticos -lugar en el que es imprescindible el bajo perfil, el tiempismo y la multiplicidad de alternativas a ofrecer- solo levantó el tono de sus apariciones públicas de la mano de una alianza inocultable con el Grupo Clarín en tiempos en los que se convirtió en el dedo acusador dirigido a la figura de su hoy compañera de ruta. Desde un estudio, cuidado por sus interlocutores y sostenido por los intereses del holding el actual presidente se reconstruyó como figura combativa y la voz de tanto peronista descontento por el manejo autocrático de quien ejercía por entonces la suma del poder público.

Era lógico entonces que ninguno se sintiese demasiado cómodo en el rol que hoy le toca cumplir: Cristina no está preparada para el gris papel de cualquier vicepresidente y Alberto no atina a manejar sólidamente el poder interno que brinde a su proyecto, personal o institucional, esa solidez que exige una sociedad presidencialista y amante de los liderazgos. Y ni que decir de un partido/movimiento que se potencia de la mano de jefes bien parados sobre sus plantas y capaces de inaugurar un nuevo «ismo» en la larga historia que comienza con su propio fundador.

Pero el presidente jugó al tiempo, se apoyó en la crisis sanitaria y trató de tender redes que no siempre alcanzaron a contener la pesca buscada. Tras seis meses de tirar el espinel la captura no llega a ser suficiente para llenar la bodega y mucho menos para imponer masivamente el producto.

Por hartazgo social frente al encierro, por el rechazo que en la golpeada clase media generan los estallidos de mal humor presidenciales que lo empujan a cierta liviandad a la hora de contestar o analizar y porque en el peronismo nadie contrae matrimonio hasta tener en claro quien será encargado de llevarlo al altar, lo cierto es que en las últimas semanas los satélites del cristinismo comenzaron a avanzar sobre Olivos, criticar no ya tan veladamente la gestión y dejar en claro que muchos de los caminos intentados por el gobierno no son bien vistos en aquellos que fueron capaces de instalar, como una consigna irrenunciable, el «vamos por todo» que alertó y asustó a la sociedad argentina.

La reaparición de Cristina en redes sociales recomendando un artículo periodístico al que define como el «mejor análisis» leído «en mucho tiempo» y aconsejando leer «para no equivocarse» sería una irresponsabilidad institucional si no fuese claramente una línea divisoria entre la vocación dialoguista del mandatario frente a lo que fue la gestión que ella encabezó: Alberto convocó a muchos de aquellos empresarios que fueron perseguidos, descalificados y ninguneados en el período 2011-15 que se convirtió en un fragor permanente y la depositó en la derrota frente a Mauricio Macri.

La respuesta desde Balcarce 50, con el pretexto de contestar los exabruptos de Hebe de Bonafini, estuvo claramente dirigida a Fernández de Kirchner: «a la mesa del presidente se sientan todos y todas». Punto…

La tensión ya tomó el centro de la escena y fue el propio presidente del PJ José Luis Gioja quien fue más allá en la tarea de empujarla. El sanjuanino le ofreció a Alberto convertirse en el presidente partidario y se ocupó de recordar a propios y extraños el desprecio que Crisitina ha tenido siempre por el peronismo: «en su momento se lo ofrecimos y no le interesó» dijo.

Representantes de organizaciones defensoras de los derechos humanos y hasta cristinistas explícitos de los últimos años corrieron también a sostener al presidente, unos criticando a la titular de Madres de Plaza de Mayo y otros como Agustín Rossi llamando a «cerrar filas en torno al presidente Alberto Fernández».

La pelea está, no son pocos los que se alarman por la escalada -el propio Máximo Kirchner se ofreció en las últimas horas a actuar como moderador y bajar las tensiones- pero nadie duda que la cercanía del tiempo en el que deberá comenzar la discusión por el armado de las listas electorales para el año próximo no ayudará a que las aguas se calmen.

Y motivos no les faltan…