Alberto y Cristina: un ajuste que sorprende a todos

RedacciónTodo es ajuste, todo es recorte y austeridad. Se niega el dinero que piden Kicillof y varios gobernadores desfinanciados. ¿Un nuevo peronismo sin plata ni emisión?.

Martín Guzmán fue elegido por el presidente para manejar la economía del país. Desde su llegada al Palacio de Hacienda cerró la canilla del gasto y sólo autoriza emisión para mantener el mínimo oxígeno financiero en la calle y los mercados.

El hombre no oculta que busca evitar que se espiralice una inflación que sigue  siendo de  las más altas del mundo, y es claro que para ello cuenta con el apoyo de su jefe.

Por su despacho desfilan los angustiados gobernadores peronistas -esos que creyeron en las promesas preelectorales del actual mandatario que les hablaba del fin de penurias inexistentes, ya que con Macri la mayoría de los estados provinciales eran superavitários- que generalmente se van con la misma respuesta: «no hay plata».

Aunque formalmente no se tomen medidas ortodoxas en ese sentido, todos perciben que es un ajuste en marcha, que tiene como objetivo la desindexación del gasto social y las jubilaciones. Esta vez se trata de ganar tiempo para que la inflación haga su trabajo y todos los ingresos fijos terminen siendo licuados por ella.

¿Perverso?, no más que los recortes tradicionales. Pero el peronismo no puede permitirse el lujo de anunciar medidas concretas en ese sentido. «Por los principios sociales, que Perón ha establecido»…

Le pasó a Axel Kicillof quien no logró que desde Balcarce 50 le enviaran U$S 250 millones para evitar el mismo papelón que vivió como ministro durante el segundo gobierno de Cristina: amenazar, apretar, amagar con un default…para terminar pagando todo lo que pedían los acreedores.

En la Casa Rosada las aguas se dividen. Por un lado hay varios ministros que mascullan en voz baja su enojo con el mandatario bonaerense, afirmando que generó un temblor innecesario que afectará las negociaciones del país. «¿Para qué hacerse el cocorito diciendo que Vidal lo había dejado sin plata, para luego terminar poniendo hasta el último centavo?, ¿No era más lógico pagar de entrada y callarse?» se peguntan.

Otros sin embargo se preguntan si Guzmán no debió asistir a la principal provincia argentina y evitar todo este temblor. «Conociendo a Kicillof y su pobre capacidad política, ¿no era más lógico entregarle los dólares que necesitaba y sacarlo del centro de una escena que nunca dominó?» dicen entre sorprendidos y enojados.

En los días que el mercado cimbró al compás de la pelea bonaerense, el Banco Central perdió más de 300 millones de dólares de reservas para contener el dólar. «¿Perder 300 por no entregar 250?, ¿Valía la pena?» concluyen.

El otro síntoma que ayuda a alimentar la teoría de la licuación en el tiempo es que la ejecución presupuestaria en enero esta en niveles bajísimos. En los ministerios se preguntan si no se aprovecha la «estacionalidad» de las vacaciones para planchar el gasto de manera tal que al realizarlo sea, a valores constantes de un país que con suerte tendrá este año una inflación arriba del 40%, mucho menor que en este momento.

Pero lo que los mercados no dejan de observar es el acompañamiento de Alberto a esta política de ajuste y el silencio de Cristina frente a la misma. Y aunque parezca raro, esa actitud comienza a generar alguna confianza frente a un plan económico que nadie conoce y el temor a la vieja estrategia peronista de emitir para ayudar al consumo y ver después que es lo que se hace con la inflación que eso genera.

«Están desconocidos» dicen en el reacomodado Círculo Rojo. «Ajustan, secan la plaza, licuan ingresos de trabajadores y jubilados, y a ninguno de los dos se le ocurre ordenar emisión monetaria para tranquilizar las aguas» sostienen.

«Parecen haber aprendido de las experiencias del pasado, aunque todavía no se puede saber si en algún momento uno de ellos dos pateará el tablero y buscará un camino más corto. Habrá que esperar…pero si tenemos que definir estos primeros dos meses hay una sola palabra que aplicar: prudencia» concluyen.

Hacer peronismo sin plata era hasta ahora una tarea reputada como imposible. Pero la realidad parece haber llevado las cosas por otro carril que, por desconocido, no tiene diagnóstico posible.

El tiempo, las urgencias y la presión de la propia historia tienen la respuesta.

Veremos…