Alberto y el aborto: la historia de una gran mentira

Por Adrián FreijoEl anuncio del rápido envío del proyecto de ley esconde la intención de sacarse de encima el tema, asegurarse el rechazo y terminar con las presiones.

Alberto Fernández encara una etapa que será tensa, plena de enfrentamientos y pulseadas. Necesita construir poder, aventar el fantasma de Cristina y poner a la Argentina en una calle de sentido previsible que deje atrás la teoría del combate perpetuo. Y para ello ha elegido el atajo de resolver problemas y sacarse de encima las tensiones lo antes posible.

Todo lo que pueda generar conflicto y no sea manejable será puesto en el tapete de entrada. La idea del nuevo presidente es la de aparecer como un dirigente ambicioso, de personalidad, con espalda…pero que el precio lo paguen otros.

El tema del aborto es solo un  ejemplo de lo que aquí sostenemos: pese a saber que tiene margen para demorar el debate parlamentario por lo menos hasta 2021, acaba de anunciar que será uno de los primeros proyectos que enviará al Congreso.

Tironeado por los «Pañuelos Verdes», presionado por la Iglesia, condicionado desde el Vaticano por el Papa Francisco y con su propio frente dividido ante el tema, el nuevo mandatario no quiere que el debate se lo lleve por delante pero sospecha que instalarlo –rápido, intenso y corto-  no sería malo

¿Para qué?, ¿porqué?…

Si recorremos los nombres y las posiciones de los nuevos legisladores con respecto al aborto, la votación se aprobaría en Diputados de manera holgada, ya que a partir de la asunción de  estos habrá 139 votos a favor, 112 en contra y 6 aún indecisos pero que no podrían torcer el resultado.

Pero en el Senado, que en en 2018 rechazó la iniciativa, los números serían muy distintos:  38 votos negativos frente a 33 positivos y uno en duda.

El proyecto volvería a ser rechazado y el presidente dejaría de sufrir los tironeos de su compañera de fórmula -que le prometió a su hija Florencia que esta vez la ley sería aprobada, aunque en lo personal está convencida de que no es aconsejable dar nuevamente el debate y teme perder la protección del Papa que la ha mantenido bajo su cobijo- y sobre todo de La Cámpora que ha hecho de esta cuestión una bandera.

Él cumpliría con la promesa de enviar el proyecto, la ley no saldría…y a otra cosa.

Así es la política en la Argentina; nada es como parece. Si hasta no son pocos los expertos en política vaticana que hoy sostienen que el anuncio del pontífice sobre su decisión de no visitar el país en 2020 fue consensuado con el propio Fernández para poder encarar rápidamente el «operativo fracaso» de la ley de despenalización sin que su presencia interfiera en el debate. Algo así como apurar el trago amargo para disfrutar las mieles de su efecto.

Habrá que ver.