¿ALGUNA VEZ HABRÁ UN BARACK ARGENTINO?

El ex presidente y su esposa, como la mayoría de sus antecesores, multiplicaron su fortuna con la venta de sus libros y sus conferencias. El prestigio que multiplica los panes frente al dinero mal habido que se quedan los abogados.

Según una estimación de GoBankingRates, Barack Obama tiene hoy un patrimonio de U$S 40 millones, muy lejos de los 1,3 millones que declaró cuando alcanzó la presidencia. La mitad de esa fortuna la hizo durante los ocho años que ocupó el cargo de presidente, con ayuda de su esposa Michelle, y el resto lo han conseguido ya fuera del cargo y gracias a la habilidad que tiene el matrimonio para gustar y conquistar. Y por el prestigio adquirido en los tiempos en los que era el hombre más poderosos de la tierra y sus decisiones afectaban a todo el planeta.

Obama cobra una pensión como ex presidente de 210.000 dólares anuales, pero este ingreso es el menor de sus ingresos si se tiene en cuenta que por cada una de sus intervenciones como conferenciante recibe alrededor de U$S 400.000.

Como escritor también percibe regalías propias de un best seller. Según Forbes, de 2005 a 2016 recibió 15,6 millones de dólares en anticipos y derechos de autor por La audacia de la esperanza A ti te canto: una carta a mis hijas, y también por Sueños de mi padre, su primer libro de memorias.

Su esposa Michelle ha conseguido generar también ingresos millonarios. «Mi historia», autobiografía que lanzó en noviembre de 2018, se ha convertido en el libro de memorias más vendido de la historia. ¿La razón?…la misma, el prestigio logrado durante su estadía en la Casa Blanca, su don de gentes y su respeto por los demás.

Algo similar ocurrió con el ex presidente James Carter y con el propio Bill Clinton quien, pese a los escándalos de faldas que rodearon su último período en el gobierno, se retiró con una dosis de prestigio y apoyo de sus conciudadanos que lo convirtieron en figura central de las elecciones que ganó justamente Obama.

Mientras Carter ocupó los últimos años de su vida como enviado en misiones de paz de su país a los lugares más lejanos de la tierra, Clinton cobra hoy un cachet de U$S 250.000 por cada conferencia que da dentro o fuera de los EEUU.

Pero no son los únicos casos. Felipe González, ex presidente de gobierno de España, es hoy un activo consultor político en toda América Latina y Europa así como Michelle Bachelet recorre el mundo bregando por las libertades públicas desde su cargo de Alto Comisionado de la ONU.

Y hay más, muchos más, de todas las nacionalidades…menos argentinos.

Mientras muchos de estos hombres y mujeres ven multiplicarse los panes cuando dejan el poder y ello ocurre por el respeto que sus nombres despiertan, los ex presidentes argentinos -con alguna honrosa excepción- deben utilizar mucho de sus fortunas para pagar abogados que eviten que vayan a parar con sus huesos a la cárcel. Aunque rara vez logran que el desprestigio caiga sobre sus espaldas para todo el resto de sus vidas.

¿Corrupción o salvajismo político?, ¿repudio popular o venganza?…vaya uno a saber. Pero lo que es cierto es que este debe ser el único país del mundo en el que sus dirigentes se consuelan diciendo aquello de que «el que se mete en política sabe que echa su honra a los perros». Un disparate conceptual que no por repetido deja de sonar a pretexto.

Tenemos derecho los argentinos a soñar con que algún día nuestros ex presidentes sean reconocidos por el mundo y por nosotros mismos como personas prestigiosas, dignas de ser escuchadas y siempre dispuestos a poner su experiencia al servicio del estado y de la patria.

Y vaya si nos alegraremos si esos valores les son útiles para vivir con dignidad, ganar dinero bien habido y ser merecedores del honor -raro aquí y común en otros lados- de que sus compatriotas quieran escucharlos o leerlos con verdadero interés.

Y no leer sus nombres en las páginas policiales…