ANSES: un claro ejemplo de la insensibilidad y la perversión reinante

Por Adrián FreijoPese a las promesas oficiales comenzaron a decretarse despidos en el organismo. La política perversa de intimidar al personal, dividirlo y generar el sálvese quien pueda.

¿Cuántas veces hemos leído en los titulares aquello de “Crónica de una muerte anunciada” para explicar la llegada de una catástrofe que todos presumían y el poder negaba?. La inflación, la corrupción, las persecuciones, los fracasos…tantas cosas que en nuestra historia reciente caen bajo el paraguas de aquella frase que, no casualmente, nominaba una novela corta del genial Gabriel García Márquez en la que la muerte de su protagonista se mezcla con lo que nunca se sabrá si fue una verdad, una mentira o solo un pretexto.

Los despidos en ANSES tienen todos los elementos necesarios para ser emparentados con esta obra de la literatura universal.

La verdad radica en la decisión del gobierno de Mauricio Macri, obsesionado en achicar el estado y limitar el gasto público, utilizando el trabajo como variable de ajuste. Muchas medidas se han tomado para ello, pero ninguna camina en el sentido de dotarlo de herramientas para multiplicar su eficiencia y todas se centran en expulsar trabajadores, achicar presupuestos e interrumpir servicios.

La mentira se centra en el viejo sonsonete de los acomodos políticos, la ineficiencia y la necesidad de modernizarlo. Porque la gran mayoría de los cesanteados no son “ñoquis”, porque nadie puede ser eficiente si no cuenta con los medios para desarrollar su trabajo y porque modernizar no solo quiere decir achicar. Modernizar es descentralizar, mejorar las condiciones generales de trabajo y dar al empleado público la legislación necesaria para que su función sea útil al contribuyente y no, como ocurre en el país, una traba puesta para que este pueda disfrutar de  sus derechos ciudadanos.

Y el pretexto es, groseramente, el mal funcionamiento de un organismo que fue saqueado por la administración anterior para hacer política y sigue siéndolo con la actual…para hacer negocios.

La perversión de la maniobra se expresa cristalina en la sistemática política del “divide y reinarás” que es una constante en este y otros estamentos del estado. Asustar al personal, amenazar veladamente con más cesantías, conseguir que los compañeros de trabajo terminen justificando el despido del otro y convenciéndose que a ellos no les tocará jamás.

Salvo en un caso, el resto de los despedidos se enteraron de su nueva situación cuando llegaron a sus lugares de trabajo y se encontraron con sus claves de acceso bloqueadas en el sistema. Ni sus jefes directos habían sido notificados de esa nueva situación. ¿Quiere una forma más malévola de comunicar a una persona que ya no tiene empleo?, ¿puede caber duda que el no comunicar a los superiores directos -los que tienen cara a cara al trabajador- es una forma indigna de crear conflictos y divisiones?. ¿Hace falta algo más para demostrar desprecio por el otro?.

Convertir cada oficina pública en una cueva de sospechas, buscando anular la unidad de los trabajadores y adormecer el espíritu de lucha que pueda unirlos en defensa de sus derechos. Nada que ya no viésemos antes en la Argentina…

“No hay ni una sola línea en ninguno de mis libros que no tenga su origen en un hecho real”, dijo García Márquez.

Cuánta razón tenía…