Por presión de propios y aliados Vidal aceptó la salida de Arroyo

Fue la gota que rebasó el vaso. «La ciudad necesita un gobierno peronista», dijo Arroyo y los teléfonos en La Plata estallaron de radicales indignados. Vidal ordenó «que esto termine ya».

La imagen de Carlos Arroyo enmarcada en el escudo justicialista y solicitando un  gobierno peronista para Mar del Plata (Ver: Arroyo de Troya: «Mar del Plata se merece un gobierno peronista») fue un tiro al corazón de la mujer que ocupa el principal sillón en La Plata y que, pese al consejo de sus allegados y sus propias dudas y enojos, intentaba ayudarlo para resolver lo más elegantemente posible su complicado presente.

Uno por uno los hombres de confianza de la gobernadora se comunicaron con María Eugenia Vidal para alertarla de la verdadera magnitud del problema. Tal vez la voz más clara fue la de su Ministro de Gobierno quien apenas pasadas las 21,  tras realizar varias consultas con sus amigos en Mar del Plata, no dudó en dejar en el oído de la mandataria un diagnóstico definitivo: «Se pasó de la raya; o hacemos algo o nos quedamos sin el radicalismo en el distrito».

Y es que nadie podía dar crédito a la confesión de Carlos Arroyo acerca de la necesidad de que el peronismo se convirtiera en gobierno en el municipio. Con meridiana claridad el cuestionado funcionario estaba proponiendo una derrota para la coalición que lo llevó al poder y que además sostiene su desgobierno y financia cada uno de los disparates que en materia administrativa se vienen encadenando desde el día de su asunción.

Pero esta vez el hombre fue demasiado lejos y, cerca de las 23, Vidal ordenó frenar toda ayuda para General Pueyrredón, exigirle a Zorro Uno una rectificación pública y desplazar hacia la ciudad una comitiva que esta misma mañana apacigüe a los aliados de la UCR y comience a negociar lo que en principio se había resuelto en la reciente cumbre de Chapadmalal (Ver: Ya está decidido: el año próximo General Pueyrredón elegirá intendente).

Aunque no son pocos en La Plata los que insisten en que, así las cosas, «cuanto antes se vuelva a su casa, mejor». Por lo pronto ya se decidió que este jueves el ministro Cristian Ritondo reciba al cuestionado alcalde para hacerle saber que las fuerzas enviadas para cubrir este año el Operativo Sol quedarán bajo el mando directo de la provincia y ninguna injerencia podrá tener el gobierno comunal. Parte de lo que en La Plata ya se llama «el gobierno paralelo» que manejará la ciudad hasta la salida de Arroyo.

Una de las voces que llegó más exaltada a la gobernadora fue justamente la de su vice Daniel Salvador: «este hijo de… está ayudando a los radicales rebeldes frente a la alianza con este gobierno y que tienen que votar el domingo. ¿Qué afiliado le va a poner el voto a dirigentes que están en el gobierno de un tipo que quiere que perdamos para que vuelva el peronismo?».

Fue determinante; Vidal comprendió que el enojo de Salvador y los radicales era mucho más importante que tratar de ayudar a quien no quiere ser ayudado. Y antes de apoyar la cabeza en la almohada ya había dado todas las órdenes pertinentes.

Y se acabó…