Arroyo atrasa hasta en sus brotes de posmodernismo

Por Adrián Freijo – El intendente pretende ahora avanzar en un mundo al que despreció desde el inicio de su mandato. La era digital, a la que intentó cambiar por la buena caligrafía, no es claramente su fuerte.

El intendente Carlos Fernando Arroyo encabezó el inicio del Programa digit@lers de Telecom que busca capacitar mediante cursos cortos y gratuitos a jóvenes en lenguajes de programación. Esta iniciativa, realizada en conjunto con la Municipalidad de Gral. Pueyrredon, pretende también conectar a los jóvenes con su vocación digital y ayudarlos a estar mejor preparados para la inclusión laboral en el mercado IT. Más allá de tratarse de una iniciativa privada y con destino puramente comercial, las palabras del jefe comunal demuestran su desconocimiento hacia los cambios que el mundo propone y la urgencia de no perder, como él lo hizo desde el inicio de su gestión, ni un minuto en la impostergable tarea de no quedar al costado del camino.

Sostuvo Arroyo que “es una hermosa alegría (Nota de Redacción: ¿habrá aprendido en sus años de docencia que la adjetivación debilita al sustantivo?) porque significa que estamos poniendo a la juventud de Mar del Plata en el camino del futuro. Dentro de 20 años, la mitad de los trabajos que hoy se hacen no van a existir más. La humanidad avanza rápidamente; esto es un hecho comprobable. Y los que tendrán actividad y ocupación serán aquellos que manejen las nuevas tecnologías”.

Si esto fuese cierto su gestión nos habría hecho perder cuatro años en el camino de acompañar al  mundo que estaba al alcance de la mano cuando decidió dar por concluído el polo informático y sostuvo que «yo prefiero que los chicos aprendan a escribir con una buena letra» o se negaba a aceptar hasta la mínima tecnología de las comunicaciones celulares.

Sin embargo aún ahora, en esta primavera posmoderna que parece haberle atacado y que siempre es bienvenida, vuelve a errar en el mensaje: la destrucción de trabajos tradicionales en manos de la informática y sobre todo la robótica no es un proceso de los próximos 20 años sino una realidad que ya convive con nosotros, a punto tal que el 20% de los mismos desaparecerá en el próximo quinquenio y entre un 30 y un 40% más lo harán al finalizar la próxima década.

Este tema y estos tiempos son hoy contenido de un debate universal que, entre otras cosas, promueve cuestiones no menores como la necesidad de generar una profunda reforma laboral y trabajar sobre una educativa que ya estaba en marcha en Mar del Plata cuando en 2015 arribó al poder y dio por finalizada la etapa de modernización y acceso a la realidad mundial.

Por eso, y acompañándolo en su amor por la adjetivación empobrecedora, no dudamos en afirmar que es una «feísima pena» que tan tarde se haya dado cuenta de lo que ocurre en el mundo y que además…lo haya hecho equivocadamente.

Algo en lo que, hay que reconocerlo, ha mantenido una coherencia por cierto nada envidiable.