Arroyo y una insólita pelea que afectará a miles de marplatenses

Por Adrián FreijoEl conflicto entre los municipales y el gobierno de Arroyo entró en una etapa decisiva. La impericia y el capricho del intendente empujó al STM a una pelea no deseada.

Desde el inicio de su gestión Carlos Fernando Arroyo eligió al trabajador municipal como blanco de otra de sus peleas sin destino. Si bien es cierto que la personificó en la estructura sindical, el intendente y sus entusiastas asesores debieron tomar nota que en sus embates terminaban perjudicando a todos los empleados de la estructura, sin diferenciar entre agremiados e independientes.

Como en cada una de sus estériles batallas, el jefe comunal se limitó a intentar la demolición sin plantear alternativa de nueva construcción alguna. Y lo hizo con tanta torpeza que ni siquiera fijó su mirada en el hecho de ser largamente copartícipe de muchas de las supuestas irregularidades que disfrutaba denunciar: durante su mandato también se pagaba salario a los dirigentes gremiales y se abonaban sin discusión alguna las bonificaciones a los docentes municipales.

Y así como en su momento denunció a la anterior administración por pagar salarios con fondos afectados y utilizar descubiertos bancarios -mecanismos que desde el inicio de su gobierno repitió Arroyo con entusiasta regularidad- en una clara muestra de aquello de que el hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios, la “demora” en descubrir lo que denunció como un robo a la ciudadanía de parte de los dirigentes y los maestros solo sirvió para poner en evidencia la torpeza de la pretensión y en todo caso la lentitud e impericia de su propia gestión.

La discusión salarial que culmina con este conflicto es seguramente el corolario de este cúmulo de disparates: Arroyo niega un Convenio Colectivo de Trabajo que él mismo firmó, pretende postergar el inicio de la negociación para fines del próximo año y realiza una oferta engañosa que ignora el retraso grave que padecen los trabajadores y que de aceptarse los depositaría en la primera mitad de 2019 con una pérdida real de su poder adquisitivo del orden del 40%.

La solidaridad de otras organizaciones que ha sabido cosechar el reclamo local va entonces más allá de cualquier cuestión política y, por supuesto, de un intento destituyente que por estas horas parecen querer instalar el intendente y sus laderos para victimizarse frente a la sociedad. Se trata de una contundente respuesta, que seguramente repercutirá fuertemente en un gobierno provincial harto de los desatinos lugareños, que llega en el peor momento de la relación de Arroyo y la gobernadora Vidal.

Los insólitos anuncios de obras inexistentes y las constantes alusiones “al mejor gobierno de la historia de Mar del Plata” que caracterizan estos últimos meses de su gestión, no alcanzan a esconder un fracaso estrepitoso que deberá sumar ahora una medida de fuerza de responsabilidad exclusiva de un gobierno encapsulado en sus imaginarias peleas, arrasado por su propia impericia y paralizado por el “sálvese quien pueda” que lo atraviesa en la actualidad.

A lo que deberá agregarse el precio a pagar por una comunidad privada, vaya uno a saber por cuento tiempo, de los servicios de salud, el control de la higiene urbana, la seguridad en las playas, el ordenamiento del tránsito y cientos de miles de trámites particulares que tienen que ver con el interés y la calidad de vida de los contribuyentes.

Ello sin tener en cuenta la posibilidad cierta de que a la protesta municipal se sume en pocos días la de las organizaciones sociales que, cercanas las fiestas de fin de año, encontrarán en este paro un enemigo directo de las tramitaciones necesarias para comprar, organizar y distribuir las bolsas de alimento navideño que les fueran prometidas.

¿Se puede errar tanto en el análisis y evaluación de la realidad?. Una vez más Arroyo y los suyos demuestran que siempre es posible equivocarse más.

Pero la guerra contra molinos de viento sigue ahí, intacta y a la espera de nuevas escaramuzas que inventar.