ARROYO ESTRELLÓ SU FUTURO

El cierre de listas supuso también el final de la ficción del intendente al frente del municipio. Harta de las claudicaciones de Carlos Arroyo, la gobernadora destrató a quien ya ha perdido el poco poder que detentaba.

Tal vez en el futuro solo sea importante analizar que puede pasar con una ciudadanía que un día resuelve ungir con el poder local a un hombre que no tiene ideas, ni planes, ni equipos ni siquiera capacidad para pensar antes de emitir palabras.

Aquel candidato que decía que las mujeres no servían para gobernar porque perdían demasiado tiempo en peinarse, que acusaba a los bolivianos de representar un problema para el país y para la ciudad, que se ufanaba de un supuesto plan secreto que no estaba dispuesto a explicitar para que no se lo robaran, que ponía como prioridad de su gestión que todos los marplatenses se detuviesen en las esquinas a saludar a sus vecinos y que consideraba más importante enseñar una caligrafía elegante que introducir a los niños en el mundo de la informática, logró embelesar a una sociedad enojada que terminó votándolo masivamente en octubre de 2015.

Lo demás es tan cercano como conocido. Una desesperada carrera por colocar a sus familiares en cargos con alta remuneración, la renuncia constante de funcionarios hartos de las marchas y contramarchas, desmanejo administrativo y gasto sin control, aumentos insólitos al personal municipal, en una especie de demagogia fuera de tiempo y lugar, aislamiento político, funcionarios sumidos en todo tipo de escándalo, sucesivas «intervenciones» al municipio desde el gobierno nacional (Cinto) y desde la provincia (De la Torre), mala relación con los poderes centrales y mes a mes la necesidad de recurrir a asistencia financiera para afrontar los gastos de funcionamiento.

Carlos Arroyo fundió el municipio, salvó a su familia, y perdió el futuro político si alguna vez lo tuvo.

Hoy todos saben que se ha convertido en una figura decorativa. María Eugenia Vidal -como antes lo hiciese Mauricio Macri- ya no quiere ni escuchar hablar del singular personaje. Las listas de candidatos para octubre fueron resueltas a partir de una orden terminante: para Arroyo y los suyos, nada. Y mucho se esforzaron desde La Plata para que quedase en evidencia que Zorro Uno no cortaba ni pinchaba al momento de definir candidaturas.

Y a quienes preguntan como se hace para sostener esta situación durante los próximos dos años, la respuesta desde el vértice del poder político provincial es una y única: «después se verá, por ahora lo único que necesitamos es que ni aparezca en la campaña».

Un final tan previsible como lamentable…