Arroyo no puede ponerse de acuerdo ni con él mismo

RedacciónMientras ordena a su Secretario de Hacienda y a sus concejales insistir con la sanción de las ordenanzas fiscal e impositiva para aumentar un 37% las tasas, anuncia que busca bajarlas. 

No hay caso, para el intendente Carlos Arroyo la costumbre de disparar la lengua y luego poner en funcionamiento el cerebro es una tónica que lo acompañará hasta el último día de su gestión.

Mientras ordena a Hernán Mourelle y a sus concejales presionar sobre el Concejo -aún amenazando con no pagar los salarios del cuerpo a fin de mes argumentando falta de instrumentos recaudatorios- para que logren la aprobación de las ordenanzas fiscal e impositiva que permitan un aumento del 37% en la tasa de ABL y otros superiores en distintas gabelas, muy suelto de cuerpo afirma a la prensa que está pensando en «buscar la forma de que la población esté un poco mejor, aflojar un poco la presión; rebajar algunas tasas, eliminar algunas cosas para el comercio». Un verdadero contrasentido.

Y como si esto no fuese suficiente, se contradice en sus afirmaciones acerca de las dificultades que le genera la demora en el tratamiento de ambas ordenanzas y las consecuencias que ello podría acarrear al municipio al sostener que «por el momento en Mar del Plata se mantiene el equilibrio económico», lo cual a su juicio es «un logro» de su gestión.

¿En qué quedamos?, ¿subimos las tasas o las bajamos?, ¿estamos equilibrados o desfinanciados?, todas preguntas muy básicas que deberían tener respuestas concretas.

Sin embargo, una vez más. el jefe comunal prefiere subirse a la montaña rusa de sus propias incoherencias y, como Groucho Marx, sostener aquello de «estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros».

No hay caso…Normandía está cada vez más lejos.