ARROYO: TAI CHI CHUAN O TAI MA DO

El final del mandato de Carlos Fernando Arroyo lo encuentra en medio de confusiones y desvaríos propios de quien no entendió el sentido del equilibrio y la armonía.

El Tai Chi Chuan es conocido por las secuencias de movimientos que realizan sus practicantes y que se caracterizan por la unión de la conciencia y el movimiento corporal, la lentitud, la flexibilidad, la circularidad, la continuidad, la suavidad, la firmeza, y el sentimiento de armonía que transmiten.

El Tai Ma Do (en realidad y simplemente taimado) es una persona que es astuta y actúa con disimulo para lograr el propio beneficio o perjudicar a un tercero.

Mientras lo primero refleja el equilibrio lo segundo ejemplifica el caos y la pérdida del sentido del bien común.

Carlos Fernando Arroyo deja el gobierno convertido en un ejemplo del taimado.

Lejos del arte de la política, que busca armonizar la convivencia ciudadana desde el ejercicio de valores comunes a sus protagonistas -gobernantes y gobernados- el jefe comunal hace del enfrentamiento, la avivada para beneficiarse y beneficiar a sus allegados, la mentira pública que ya no puede escudarse en errores de evaluación, una vocación destructiva impropia de un representante que ha sido honrado con la confianza del pueblo y una capacidad de embuste que ya no sorprende, una constante para complicar a su sucesor el arranque del nuevo gobierno en el que deberá desatar un paquete embalado con falsedades y relleno de sorpresas que no serán agradables.

No hay equilibrio presupuestario, las arcas están vacías, los papeles no están a la vista y nada de lo prometido se ha cumplido. Solo existe un manoteo de cargos para familiares y amigos, un aumento impúdico de los propios haberes y la demostración de la verdadera cara de un hombre para el que el poder es solo el instrumento de su propio bienestar y de ranfañosa avaricia.

Aquel que juró austeridad se aleja del poder como modelo de la ostentación y la desvergüenza. Ni siquiera una última muestra de dignidad que facilite a su sucesor un camino que seguramente no será fácil. Las posturas de pequeño dictador que tanto le gustó asumir en su vida pública terminan siendo la caricatura de un anciano caprichoso, empecinado y pendulando entre el ridículo y la sinrazón.

Decía el creador del Tai Chi Chuan, el sabio Yang Lù Chán, que consolidar ese arte y su filosofía había insumido catorce generaciones.

El Tai Ma Do llevó, gracias a Dios, una sola. O al menos eso esperamos…