Arroyo y un balazo peronista al corazón de Cambiemos

Por Adrián FreijoHace poco planteábamos que el intendente podría estar  pensando en acercarse al peronismo. Su participación en el congreso gastronómico confirma la idea.

La presencia del intendente Carlos Arroyo en el cierre del congreso que los gastronómicos llevan adelante en la ciudad se convirtió, y no por casualidad, en el hecho político de una semana cargada de rumores y especulaciones.

Desde la presentación que hizo el titular de la organización e interventor del Partido Justicialista Luis Barrionuevo, quien se refirió al visitante como el “señor y compañero intendente”, sumado a los elogios a su gestión al afirmar que “se ha hecho cargo con un Municipio con casi mil millones de déficit, y de una Mar del Plata también con muchos problemas, pero la va llevando, la va sacando adelante, con mucho sacrificio, con muchos problemas y no se queja ni llora por todos los rincones, agacha la cabeza y va y va y va”, todo se pareció demasiado a un acercamiento político al que ambos aportan las ganas de que no quede en cortesías.

¿O en qué sentido puede interpretarse la afirmación del sindicalista cuando promete que “lo vamos a acompañar. Me consta que apenas asumió a los 30 días, ya querían que Arroyo no sea más intendente. Le salían por todos lados todos los que vivían subsidiados pero él le puso el pecho a las balas y está llevando el Municipio adelante. Los gastronómicos vamos a acompañarte para que seas exitoso en tu gestión”.

La respuesta del jefe comunal no pudo ser más clara: se definió como “peronista de la Constitución de 1949″, criticó “a los que vinieron después” y apuntó: “Evita daba trabajo, estos hicieron vagos”. Y para que todos tomaran nota de su pertenencia partidaria y su ubicación en la misma dijo “votar firmemente porque el partido se unifique y recobre la fuerza que tuvo”, calificando a Barrionuevo como “un amigo de verdad, un amigo de los que puede confiar, que tiene códigos”.

Ya en el paroxismo de su confesión partidaria Arroyo sostuvo que “creo en el peronismo de Perón, del General, creo en los grandes ideales de patria, que lamentablemente se perdieron”, y agregó que  “de una vez por todas debemos llevar las ideas básicas de Perón y de Evita al poder y llevarlas para la felicidad del pueblo Argentino”.

También no hace mucho hablábamos de una nueva estrategia de Arroyo, decidido a dar mensajes constantes sobre su decisión de no ceder a las presiones de los que desde nación y provincia pretenden un anticipado retiro a cuarteles de invierno. Y esta “peronización” de su figura parece ser la que indica cual ha sido el camino elegido.

¿Tendrá consecuencias políticas dentro de los muros del municipio?, ¿reaccionará Cambiemos a un mensaje tan claro como rupturista?. ¿Cuál será la actitud de Macri y Vidal ante un intendente de su sector que acompaña y aporta a la posición crítica de Barrionuevo frente a la gestión actual del gobierno nacional?.

Arroyo especula con que, pase lo que pase, ni en Balcarce 50 ni en La Plata dejarán que Mar del Plata se incendie. Piensa que aún a desgano los fondos para pagar salarios y un mínimo nivel de obra pública van a seguir fluyendo, a sabiendas de que en esta sección electoral se apoya la esperanza oficialista de neutralizar los números adversos del conurbano bonaerense. Pero tal vez peque de ingenuidad o no conozca cabalmente en que andan los hombres de Vidal por estas horas…

Una carpeta que se guarda bajo siete llaves a pocos metros del escritorio de la giobernadora, desarrolla un plan de rumores y semi pruebas acerca de actos de mala administración del gobierno local, junto con una detallada estrategia para someter a Zorro Uno a un intenso fuego cruzado de acusaciones y versiones que terminen poniéndolo contra las cuerdas.

Sin contar con que el sutil oportunismo del viejo caudillo sindical lo está colocando en medio de una pulseada que como tal y como interventor del peronismo está por estas horas sosteniendo con el propio Mauricio Macri.

Lo ocurrido  le cae como anillo al dedo a su reconocida estrategia de provocar para después negociar.

Tal vez Arroyo cometió un error común a tantos dirigentes políticos argentinos: olvidar que el que está enfrente también mueve las piezas.

Máxime cuando estas son de artillería pesada.