Arroyo y un discurso que acentúa el cambio de estrategia

Por Adrián FreijoSi algo faltaba para tomar nota del cambio de estrategia del jefe comunal el discurso de ayer borra cualquier duda: se dispone a tomar la iniciativa política y cambiar la cara.

Para los acostumbrados a leer literalmente los hechos y las cosas, el discurso de Carlos Arroyo en la apertura del año de sesiones del Concejo Deliberante fue largo y tedioso.

Y para quienes se detienen en lo anecdótico, región en la que el jefe comunal suele dejar temas “para hacer dulce”, su no muy feliz frase acerca de la discusión mantenida con el Ministro de Energía con el que sostuvo que casi se fueron a las manos fue seguramente el título y la comidilla de la jornada.

¿Pero la extensión y las frases grandilocuentes fueron lo más importante?, ¿están en ellas las claves para analizar lo ocurrido en la extensa jornada de ayer?. Por cierto que no…

Venimos diciendo desde hace algún tiempo que, a veces con torpeza y a veces con inteligencia, Arroyo se dispone a un cambio de estrategia que no lo convierta en el “pato rengo” que ve licuado su poder cuando se acerca la retirada. Sabe que en la Rosada y en La Plata le han bajado el pulgar y siente, no sin razón, que esto se ha hecho en medio de un destrato que se parece más a una estrategia para despegarse de su figura que a una decisión de análisis político.

Y no está dispuesto a esperar sentado en una silla que las especulaciones, de afuera y de adentro, los despellejen y lo condenen a su mínima expresión en tantos años de fragor político. Aunque hoy parezca imposible reiterar aquella perfomance de 2015, siente que el hecho de haber asegurado la paliza electoral en Mar del Plata que consolidó el triunfo de Vidal en la provincia merece al menos otra forma de agradecimiento. Sin el plus de votos que aportó, tal vez hoy en La Plata estaría sentado Aníbal Fernández, aunque a la distancia y con el crecimiento de la imagen de la gobernadora esto haya quedado en el olvido.

Por eso no pierde ocasión de torear al poder central y así seguirá haciéndolo hasta que alguien se acerque, al menos, con una bandera de tregua que incluya el fin de ese destrato.

¿Porqué debería quedarse en actitud pasiva, por una mal entendida obediencia debida, frente a un sector político al que no se cansa en recordar que ni pertenece ni acata?.

Por eso el largo discurso de ayer puede sintetizarse en tres palabras: yo soy el intendente.

Un largo enunciado de obras hechas, otras por realizar y algunas en carpeta -sin diferenciar entre propias y aportadas por otras jurisdicciones- tuvo la clara intención de dejar un mensaje de plena actividad y manejo de la situación. Nada quedó de aquellos discursos cortos, vacíos de contenido funcional y exageradamente principistas que desgranó en similares ocasiones anteriores.

Habrá que acostumbrarse entonces a un tiempo en el que Arroyo acentuará su condición de jefe político de la ciudad, sabiendo que son muy pocos los riesgos que corre de tener que soportar alguna “vendetta” de más arriba; a nadie se le ocurre pensar que Macri o Vidal permitan que Mar del Plata se convierta, una vez más, en un dolor de cabeza que signifique además un costo político. En 2019 todo indica que nuestro distrito tendrá, al menos, la misma importancia estratégica que cuatro años atrás.

No sabemos quien está asesorando al intendente en materia política, y si bien todos hablan de su manera de tomar las decisiones en soledad, es una vieja verdad que el ánimo y la palabra de cualquier entorno tiene siempre influencia. Pero quien sea el que toma las decisiones puede estar acercándose, por fin, al camino adecuado para llegar a destino.

Cual será ese destino no está hoy demasiado claro...pero ese ya es otro tema.