Arroyo y una explosión de soberbia que lo expuso al ridículo

Por Adrián FreijoUna aparición pública del intendente que lo colocó al borde de la caricatura. Pretendiendo una defensa de su política de personal puso en evidencia los excesos e inconsistencias. Triste experiencia.

«Hay gente tan soberbia que se anima a calificar mi gestión» dijo el jefe comunal y solo eso sería suficiente para mostrar la verdadera esencia del hombre que maneja la ciudad. Engreído, vacuo como todo bruto, convencido de que su mediocre construcción de la realidad es el parámetro al que todos debemos ceñirnos, Carlos Fernando Arroyo explota en su retirada y pone en evidencia todas esas carencias conceptuales, de lenguaje -siempre ligado a la calidad del pensamiento y al nivel cultural- y sobre todo morales. Si, morales…porque sostener cínicamente que los hijos de su compañera «no son familiares míos» pone en evidencia la mentira pensada, analizada, artera y solapada. Cualidades que han acompañado desde un principio la gestión pública de aquel personaje que amagaba con un plan secreto de gobierno, iba a gobernar don 15 ó 20 funcionarios y que ahora se define «macrista desde siempre» luego de tildar al presidente de «bruto y desinformado».

Siempre el insulto fácil, el dedo acusador levantado hacia el infinito y las palabras llenas de enjundia en la misma medida en que flojas de contenido y contacto con la realidad.

Para Arroyo juzgar su gestión es un acto de soberbia. ¿Qué puede saber entonces de la publicidad de los actos de gobierno, que ha sido instituida justamente para que la ciudadanía pueda conocer, y por tanto juzgar, el accionar de sus gobernantes?. ¿Cómo entender que él está justamente ahí para ser juzgado por nosotros?. Imposible…su formación autoritaria y su perfil fascistoide le impiden entender que en democracia el servidor es el funcionario y no el hombre de la calle.

Farragoso como cabe a quien se sabe mintiendo, el intendente fingió un enojo forzado para derramar una cantidad de datos a los que olvidó analizar en profundidad.

Comparó nombramientos políticos en estos tres años y medio con los de la anterior gestión en ocho. Proyectado en el tiempo su gobierno ha abusado notoriamente de tales designaciones, casi duplicando la planta política de la administración Pulti.

Quienes lo impulsaron a salir «al toro» como damisela ofendida olvidaron aconsejarle que no corriese el riesgo de que alguien se diese cuenta del disparate que se estaba planteando.

Que crecen los funcionarios de su Secretaría Privada y la de Gobierno…y caen en Salud, Cultura y Producción.

Que es dramática la disminución en el área de Seguridad, uno de los puntos más delicados de la realidad local.

Que igualmente caen en un 75% los funcionarios encargados del área tecnológica que debió ser el vector de la región hacia el futuro.

Que otro tanto ocurre en el EMVIAL y en el EMSUR, que deben atender las urgencias más importantes en materia de equipamiento urbano y servicios.

Claramente hay un crecimiento en lo que se refiere a las cercanías de su despacho y una caída muy fuerte en lo que atañe a la gente.

Porque en las áreas en que crecen, que son Salud, Educación y Desarrollo Social, son aquellas en las que justamente Arroyo se ha caracterizado por ubicar amigos, entenados y parientes que nada han hecho por mejorar el funcionamiento. Así están las salas de salud, así padecen los colegios y escuelas municipales mientras el conflicto jalona la relación con los docentes y el abandono atropella a los alumnos y así también se multiplican los conflictos con las organizaciones sociales, mientras los alimentos que deberían llegarles se pueden comprar en comercios de la ciudad o en ferias comunitarias, sin que nadie haga nada para terminar con semejante corruptela.

Y con respecto al personal de planta las cosas no son muy diferentes. Ni un solo ingreso en el área de tecnología -clara muestra del desprecio por el ofendido intendente con todo lo que sea modernidad- casi nada en Obras, menos nombramientos que desvinculaciones en salud, una desproporción cercana al vaciamiento en Cultura y alarmante caída de personal en el EMVIAL y el EMSUR.

Un claro perfil de abandono de los servicios a la gente, la cultura, las obras y la salud, mientras crecen las áreas políticas y burocráticas que forman «el anillo de los autitos chocadores» que alimentan el día a día del aprendiz de Napoleón que se permite el lujo de rigorear a los marplatenses.

Una imagen triste, un estilo patético, una visión sesgada y prejuiciosa, una soberbia peligrosa pero no sorprendente, una incultura manifiesta en el lenguaje y el concepto y otra demostración de que cerca queda el melodrama de la charada.

Un Carlos Fernando Arroyo en estado puro…