Audiencia pública: puesta en escena propia de una pobre temporada

Por Adrián FreijoUna jornada larga y tediosa que nada aporta a la cuestión de fondo y hace pensar que es tiempo de idear un sistema más serio y concreto para medir el pensamiento del vecino.

 

La larga y tediosa audiencia pública convocada a raíz de la presentación del pliego de concesión del sistema de transporte público, dejó en evidencia la inutilidad de este tipo de encuentros al menos cuando se pretende que todo se desarrolle en una sola jornada y que puedan opinar personas sin capacidad para realizar aporte alguno, otras que solo aprovechan la oportunidad para bajar línea política, no pocas que fuerzan la inclusión de los temas más disímiles en cualquier cuestión que se encuentra en tratamiento y, por supuesto, quienes tienen mucho para decir desde su condición de especialistas -técnicos y/o jurídicos- usuarios o representantes de los verdaderos intereses de los vecinos.

Pero nada puede extraerse de una maratón dialéctica que pasa por los más variados puntos y estados de ánimo. Y así las cosas la jornada se pierde en discursos abstractos, figuraciones varias y ni un solo tema de fondo que por la seriedad y solidez de su planteo sirva para reformular, mejorar o sostener el pliego presentado.

Pliego que, por lo demás, es claro que muy pocos de los más de 150 expositores se habían tomado el trabajo de leer.

Y claro, después de la maratón de opiniones llegó la voz de los concejales. Y otra vez nada nuevo bajo el sol: las voces del Frente de Todos -que claramente pobló de simpatizantes y seguidores el espectro de participantes- pretendiendo que estaban ante una expresión genuina de la ciudadanía y que el rechazo al pliego era total.

Conclusiones tan torpes como inútiles que no hacen otra cosa que adelantar lo que ya se sabía antes de la singular sesión: van a votar en contra porque así lo harán con cualquier proyecto que salga del Ejecutivo. Al kirchnerismo poco y nada le importa lo que allí está escrito, lo que diga la gente o lo que pueda reformarse del pliego; su función es oponerse, complicar la gobernabilidad y lanzar todas las sospechas posibles sobre la gestión de Guillermo Montenegro.

Aunque para ello deba omitir la complicidad del sector que representan en la larga y negra historia del transporte local, los propios encarcelados por el cobro de coimas y las manos alzadas tras la sugestiva aparición de un referente histórico que hace algunos años que, portando una visible bolsa de plástico negra que parecía rebosante de «algo», iba convocando a los ediles de su bloque al balcón del Concejo para devolverlos a sus bancas felices, sonrientes…y dispuestos a cambiar el voto que habían sostenido durante todo el debate. Cosas de la política lugareña que, como tantas otras, prescriben cuando aparecen los que pretenden que la historia comienza cuando ellos llegan.

Y los ediles oficialistas, sosteniendo al pliego y a la decisión política, y buscando hacer propio el mérito de convocar a una asamblea que en realidad existe como opción desde hace mucho tiempo y a la que nada han hecho por convertir en un instrumento realmente útil y efectivo.

Una de las sorpresas de la jornada fue la moderación de Marcos Gutierrez (FdT) quien en algún momento pareció esforzarse por borrar su imagen confrontativa con el intendente y comenzar a caminar una vena más política que le permita perforar esa imagen negativa que tiene en el electorado independiente y que comienza a erosionar su posición interna en el kirchnerismo. Muy distinta a la posición tomada por su compañero de bancada Vito Amalfitano quien en la jornada de hoy volvió a acentuar su verba afilada, y por cierto rica, para tirar sal sobre la herida del oficialismo y descalificar la forma en la que fue encarada la audiencia pública.

Vilma Baragiola, vieja conocedora de los meandros por los que transcurren estos debates, le puso freno a la enjundia reivindicatoria del peronismo y en pocas palabras recordó que el tema se resolverá en comisión, que hay cosas sobre las que la ley pone un límite al debate y que los torneos dialécticos se hunden en la realidad de los hechos cuando de temas tan delicados se trata. Sabe que tratar de conformar a todos es imposible y fuera de la realidad de quien gobierna; aunque para la oposición sea siempre sencillo revolear palabras y promesas que sabe no tendrá que cumplir.

Bien complementada por el Secretario de Gobierno que advirtió que no se va a convalidar todo lo que allí se había dicho y que no aceptaba interpretar lo dicho con los vecinos como un rechazo sino como propuestas. «Ya tendremos tiempo de responder todo lo que se dijo y de lo que tomamos nota» sostuvo para cerrar la jornada.

Y punto. En los hechos las cosas quedaron en el mismo lugar en que estaban al momento de iniciarse la cabalgata oratoria. El oficialismo seguirá adelante y la oposición disparará con munición gruesa.

Y claro está que, salvo un milagro que tal vez nadie quiera que se produzca o que el intendente logre sumar voluntades para torcer el brazo a los intereses que históricamente pesaron en la cuestión que hoy se discute nuevamente, el vecino deberá aceptar lo que se vote y seguramente seguirá padeciendo un sistema de transporte malo, monopólico y caro.

Y no da la sensación de que haya mucha voluntad de acordar en beneficio de la ciudadanía entre aquellos que ejercen su representación.

¿Será por eso que se insiste en estas audiencias públicas inútiles, prefabricadas y sin chance de tener alguna incidencia en los temas de fondo?.

Seguramente que si.