Boca-River: el partido que debe marcar el límite

Por Adrián FreijoDiez jugadores del plantel de River fueron diagnosticados como positivos de COVID-19. Más que pensar en suspender el partido debemos reflexionar acerca de que hacer con el fútbol.

Paulo Díaz, Federico Girotti, Enrique Bologna, Germán Lux, Robert Rojas, Nicolás De La Cruz, Rafael Borré, Bruno Zuculini, Tomás Castro Ponce y Franco Petroli son los jugadores afectados. Debido a ello el club resolvió suspender la concentración y no se descarta que otros futbolistas del plantel también puedan estar por estas horas contagiados, aunque los resultados de este primer hisopado sean negativos.

Los sitios y programas especializados ya dedican todos sus espacios y voces a debatir acerca de si el partido debe jugarse o no. Demuestran una mirada mínima, y tan miserable como la de los organizadores del fútbol que han convertido esta pandemia en la más clara muestra del grado de esclavitud que padecen los atletas en manos de quienes solo piensan en sus negocios y en el dinero que ellos les deja, ya que lo que deberíamos estar analizando es la necesidad de parar la pelota y detener un mundo en el que los contagios ya pueden ser tildados de explosivos.

Hace pocas horas el mismo club afectado tuvo que jugar un partido de Copa Libertadores en medio de la violencia social desatada en Colombia, con  grupos amenazando con ingresar al estadio y bajo los efectos de los gases lacrimógenos.

Unos días antes el plantel de Independiente de Avellaneda vivió horas de zozobra en Salvador (Bahía), encerrado en un aeropuerto sin agua ni alimentos, ante la indiferencia criminal de las autoridades de la CONMEBOL, de Brasil y también, aunque duela, de Argentina.

Contagios, violencia, abandono…¿qué más hace falta para que alguien diga basta?.

Futbolistas Argentinos Agremiados, esa infame asociación creada para lucrar con los clubes y la AFA teniendo a los jugadores como rehenes, ha caído en un silencio ominoso que no hace otra cosa que demostrar su complicidad y bajeza. Ya es tiempo entonces que el estado nacional tome las riendas del asunto y termine con una situación que no puede ni debe esperar a que aparezca un muerto para, como siempre, rasgar las vestiduras de la desvergüenza.

Y los clubes, y la prensa, y la AFA -que insólitamente salió rápidamente a confirmar que pese a todo el clásico va a jugarse-  y los seguidores de uno y otro equipo deberán entender que la salud y la vida están por encima de las pasiones, las especulaciones y los torneos deportivos.

Porque además de ídolos, estrellas y protagonistas de un entretenimiento que apasiona a los argentinos, cada uno de los jugadores es un ser humano y además un ciudadano que necesita saber que su país lo protege y lo cuida.

Aunque alguno pierdan sus negocios y otros tengan que deponer sus fanatismos,,,