Por Adrián Freijo – Una vez más Santiago Bonifatti votó en contra de la decisión de Acción Marplatense. Sirve para entender los límites del libre albedrío y de la disciplina partidaria.
¿Cuál es el límite de la libertad de conciencia cuando se trata de la acción política grupal frente a las convicciones individuales?.
Esta pregunta, que al amigo de la controversia puede sumirlo en un tan inagotable como estéril debate, tiene sin embargo una respuesta sencilla y contundente: aquella libertad aparece cuando el tema en debate está vinculado a cuestiones morales, de conciencia y en todo caso a convicciones íntimas.
Casi equiparable a aquellas cuestiones vinculadas con los hechos aberrantes de la última dictadura, en la que debió concluirse que la obediencia debida se extinguía cuando la orden a cumplir excedía el límite de lo legal.
Dicho esto debemos preguntarnos cuando un legislador puede ejercer su derecho a desatender una decisión mayoritaria de su bloque. Y no será difícil concluir que ello ocurre cuando se da alguno de aquellos conceptos (moral, conciencia e íntima convicción) o de este último (traspaso de los límites legales).
¿Alguno de estos supuestos puede darse en el debate sobre el Presupuesto 2017 del municipio?. Ciertamente no.
Aunque Santiago Bonifatti pensase que debe acompañar -con voto o abstención- la idea de otorgar al Ejecutivo ese instrumento esencial que es el presupuesto, si la mayoría de su partido resolvió rechazar el proyecto, tiene la obligación de acompañar la decisión de la mayoría.
Máxime cuando a su condición de edil le suma el hecho de ser Presidente de Acción Marplatense, lo que lo pone en situación de dar a todos los afiliados, y a quienes estén pensando en adherir a ese nucleamiento, el ejemplo de la coherencia y la muestra de como es trabajar en un conjunto en el que se supone el valor de las mayorías se ejerce con la naturalidad de aquellos que entienden que eso es la democracia y que para potenciar el encuentro en la discrepancia están los partidos.
¿Qué imagen queda ante la sociedad si el presidente de una agrupación política desoye la decisión del cuerpo colegiado que representa a los afiliados y vota en soledad de acuerdo a su propio criterio?.
Muy sencillo: que quien así actúa piensa que el partido es un instrumento de sus aspiraciones personales y no el punto de encuentro de personas con un objetivo común, aún en miradas divergentes.
Santiago Bonifatti está enfrentado a la conducción política de Gustavo Pulti. Eso es válido siempre y cuando sus actitudes no sometan al partido que representa a actitudes que niegan las bases mismas del funcionamiento en democracia.
Si no está de acuerdo con las decisiones que se toman, deberá enfrentar en comicios internos a quienes él supone que hay que remover del lugar que les ha sido dado por afiliados y votantes en general. Pero mientras tanto debería pensar en acatar las decisiones partidarias o simplemente renunciar y buscar en otros aires esa imposición de su propio pensamiento que parece ser la forma que tiene de entender la política.
Porque si algo está en crisis en el sistema político argentino es el papel de los partidos como instrumento de la democracia. Y los caprichos, egoísmos, confusiones e individualismos no hacen más que expulsar a la gente del lugar en el que la democracia se hace acción, la convivencia se convierte en costumbre y el conjunto prevalece sobre el sueño de los pequeños dictadores.
No hubo entonces principios en pugna, morales afectadas ni leyes violadas: hubo un capricho infantil que hizo que el concejal perdiese, ojalá que tan solo por unos días, contacto con el papel que le toca jugar hacia adentro de su partido y hacia afuera de las instituciones democráticas.
Y que puede hacer mucho daño.


