Brasil: otro triunfo antisistema que pone en alerta a la Argentina

Escribe Adrián FreijoEl triunfo del populismo autoritario de Jair Bolsonaro en Brasil confirma el avance de la “anti política” en todo el mundo. ¿Quién se prepara para encarnarla en Argentina?.

Jair Bolsonaro, casi seguramente el próximo presidente del país más poderoso de América Latina, podría haber compartido sin culpa una mesa con José Félix Uriburu, Juan Carlos Onganía, Jorge Rafael Videla o Leopoldo Galtieri. Seguramente la conversación  rondaría esos enmohecidos nacionalismos, tan sectarios como inaplicables en el mundo de la globalización, al que todos ellos disfrutaban decorar con los hijos mostrencos de la vieja doctrina: sectarismo, xenofobia, homofobia y otras fobias por el estilo.

Y cerca de ellos, en la verdadera mesa del poder, manducarían silenciosos y agazapados los verdaderos dueños de una realidad que como tantas veces no es lo que parece: Enrique Casiano Uriburu, Federico Pinedo, Adalberto Krieger Vasena, José Alfredo Martínez de Hoz y Roberto Alemann. A quienes se sumaría ahora Paulo Guedes el futuro Ministro de Economía -como todos ellos- del futuro mandatario brasilero.

Si algo unió a estos dictadores argentinos fue su ultramontano nacionalismo que sin embargo dejó el manejo de la economía en manos de la más cruel versión del liberalismo y su descendencia el neo liberalismo. Mientras el pecho de los mandatarios se inflaba de Dios, Patria y Hogar, los resortes de la economía argentina iban siendo desmontados y entregados en manos de capitales británicos primero y poderes financieros a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Bolsonaro es la versión moderna y pseudodemocrática de aquella historia.

Mientras él endulza los oídos de los brasileños con los cantos de sirena de un proyecto que persigue los excesos, vuelve a las tradiciones y termina con la corrupción y la delincuencia -aunque para ello sea necesario implementar el terror desde el poder- Guedes representa el ala más dura del liberalismo económico y se dispone a privatizar todas las empresas del estado, incluidas Petrobras y el Banco do Brasil.

Y como aquellos dictadores, llegados al poder con la aceptación y a veces el apoyo de la ciudadanía, Bolsonaro representa la reivindicación de la anti política.

Más de una vez hemos hablado en LIBRE EXPRESIÓN acerca de la infinita deuda de la democracia con la sociedad. El aumento de la pobreza, la inseguridad, la caída de la educación, la pérdida constante de trabajo y el angostamiento del futuro de los argentinos, tienen hoy índices aterradores que también en nuestro país comienzan a exhumar desde el fondo de la historia aquellas convicciones de que “los políticos no sirven para nada y habría que meterlos presos a todos”.

Para colmo de males, el presente nos encuentra aferrados por una opción draconiana que seguramente representa el momento más bajo de la vida política del país: ¿la corrupción estructural del peronismo, encarnado en la figura de Cristina Kirchner o la incapacidad sostenida en la insensibilidad social y los compromisos de clase de Mauricio Macri?. 

En ese contexto…¿cómo no va a crecer el peligro de generar una situación similar a la que hoy vive el país vecino?.

Algunos dirigentes parecen haber tomado nota y se disponen a transitar esa vena populista y anti sistema. No descarte el lector que la pretendida decepción y el enojo de Elisa Carrió con el presidente sea la antesala a pegar un salto…ya no solamente de Cambiemos, sino además de la política en general.

En su capacidad inagotable de delirio, la fundadora de la Coalición Cívica debe estar imaginándose como una fiscal de la república que sale a prometer persecuciones y cárceles y que concita con ello el apoyo de esa inmensa legión de argentinos desengañados, que hoy solo sabe que no quieren elegir el mejor de los males en una contienda que tenga a la ex presidente y al actual como principales protagonistas.

Y aparecen en la cola de los pretendidos outsider personajes como Marcelo Tinelli o Rodolfo D’Onofrio, presidente de River, que creen desde perfiles muy distintos lograr quedarse con el premio mayor del desencanto popular.

Posiblemente no sea ninguno de ellos; seguramente al Bolsonaro argentino haya que buscarlo por los arrabales del autoritarismo en donde debe estar por estas horas moldeando el barro de una construcción a imagen y semejanza de lo ocurrido en Brasil.

Cuidado…Donald Trump dio el puntapié inicial, Jair Bolsonaro acaba de abrir el marcador en la región…y la vieja política parece no darse por enterada.

Un cóctel tan peligroso como conocido…