Cambiemos: ecos de un triunfo que tiene dueño pero no escenario

Por Adrián FreijoVilma Baragiola comparte con María Eugenia Vidal la propiedad del triunfo del domingo. Pero cuando mira a su alrededor no puede evitar preguntarse…¿y ahora?.

Pocas cosas más cambiantes que la política. ¿Cuándo aprenderemos que tiene tantas facetas y circunstancias como la vida misma?; ¿debe extrañarnos que así sea?, por supuesto que no: es la expresión organizada del espíritu gregario del hombre, una continuidad de su necesidad de comunicarse y una forma de acercarse al otro en la búsqueda de intereses comunes.

Y aunque estos principios, parte integrante de su propia esencia, hayan ido mutando en sordas luchas por el poder y la dominación, ni los más autoritarios dictadores, demagogos y tramposos han podido escapar a esa característica de cambio permanente, fragilidad y dependencia de las circunstancias.

Vilma Baragiola era “un muerto político” hace apenas dos años. Una imprudencia increíble en alguien de su experiencia la había eyectado de un Olimpo político que había sabido construir, ladrillo por ladrillo, en años de militancia y mil batallas en las que supo ganar y perder siguiendo siempre adelante.

Aquello fue aprovechado por Carlos Arroyo, quien fue tentado por el macrismo para abandonar la playa en la que había recalado pocas horas antes (Frente Renovador) para convertirse al amarillo con una facilidad que sorprendió a todos.

Pero el hombre no estaba preparado para otra cosa que sus caprichos, su egocentrismo y su vocación por las cosas grandilocuentemente chiquititas. Y otra vez la pelota cayó en el campo de Vilma que, con la paciencia del veterano, supo jugarla evitando las muchas zancadillas que tendieron a su paso. Ni muchos dirigentes de su propio espacio, ni la gobernadora y por supuesto tampoco el intendente querían que fuera ella la que encabezara la propuesta de Cambiemos en la ciudad.

Pero sabían -emergentes de esa política en la que solo importa el poder- que nadie podía atraer la cantidad de votos que Baragiola lleva en su bolsillo como algo que ya le pertenece. Y bajaron las armas para firmar una paz que, seamos sinceros, no es la del convencimiento.

Vilma ganó y una vez más va por la intendencia que ha sido siempre su objetivo vital. No importan los exabruptos de Arroyo, que ya entran en el terreno de la comicidad política, pero seguramente deberá cuidarse de quienes en La Plata y en estos lares no quieren que sea ella la que encabece la propuesta en 2019.

Cambiemos es en General Pueyrredón un espacio atado con alambre. Y que podrá sostenerse en tanto los vientos soplen amigables a nivel nacional y provincial. Pero que va a crujir, y mucho, apenas amanezcan las dificultades que sobrevienen al desgaste de cualquier gestión.

Agrupación Atlántica, sin mucho sentido, cree que el voto popular le sigue perteneciendo; Lucas Fiorini, ahora “calmado” con una banca, quiere ser intendente y no parece demasiado propenso a esperar su turno y mucho menos cesar en sus incansables saltos de espacio. Y los radicales, siempre los radicales, enfrentados en mil microespacios diferentes de los que surgen nombres como Maximiliano Abad, Mario Rodriguez, Daniel Katz y el siempre acechante Tato Serebrinsky.

El triunfo es de Vidal y también es de Baragiola…el escenario en el que quieren interpretar la obra del 2019 aparece lleno de tablones flojos, decorados engañosos y tramoyas de todo tipo.

Y sobre todo, demasiados postulantes para el rol protagónico.