Cambios que agregan confusión a una situación que se dispara

Escribe Adrián FreijoCuesta entender por donde pasa la estrategia presidencial. A la crisis económica se agregan ahora cambios de gabinete que solo agregan confusión y dudas.

Cuando Mauricio Macri disfrutaba presentarse ante la sociedad como la “anti política” nadie pensaba que aquella postura encarnaba en  carencias que por estas horas se vuelven peligrosas para la estabilidad de la república.

Amante de las encuestas, el mundo virtual y los asesores de perfil esotérico, el presidente supo construir a su alrededor un conglomerado de seguidores de datos, que muy útiles le fueron para ganar elecciones, pero que nada conocían de ese arte de lo posible que ha sido la política desde que el hombre apareció sobre el planeta.

Para completar su alejamiento de la realidad, se fogueó como gobernante en un distrito rico, casi improductivo y habitado por una inmensa mayoría de argentinos acomodados que, amén de gozar de un ingreso per cápita notablemente superior al resto de los habitantes del país, son subsidiados desde siempre por estos y disfrutan de un estrambótico nivel de consumo y servicios que pagan mucho menos  que quienes sufren en el interior.

Ese interior profundo, saqueado por la politiquería populista y sujeto a los vaivenes de la demanda que los mercados hagan de una producción que siempre es asaltada por las necesidades inmediatas del centralismo porteño es un interior que no se diferencia mucho de aquel despojo colonial que presuntuosamente quisimos cambiar tan solo con el texto del Artículo 1º de una Constitución que nunca llegó a estrenarse en los hechos. Y que ante el abandono expulsó a millones de sus hijos a un conurbano parasitario y socialmente explosivo en el que las 2/3 partes de sus habitantes viven hoy del subsidio público.

Pero ese era el país real que Macri desconocía y que le estalló en la cara apenas comenzado su gobierno. Y que mientras de uno y otro lado de la grieta repartían culpas y denuncias, veía deteriorarse día a día su nivel de vida sin entender que alguien quisiese en serio convencerlo que con el arreglo con los fondos buitres y las promesas de bajar el déficit fiscal y la lluvia de inversiones iba a alcanzar para la felicidad de la gente.

En un país desarrollado -esos que tienen niveles de vida similares a los de la CABA- eso es posible. En la Argentina real, con un interior acostumbrado a los estándares de Zambia,  es un disparate.

Y todo estalló y lo hizo por tres causas diferentes:

1- los errores de visión y gestión de un gobierno que no pudo superar nunca el nivel de lo imaginativo: “somos el mejor equipo de los últimos 50 años”, “la inflación no es un problema”, “el segundo semestre nos encontrará mucho mejor”, “el dólar se quedará en $ 23 y de ahí no se va a mover (Carrió)”, “el mundo mira a la Argentina como un lugar de oportunidades”, etc, etc, etc.

2- una realidad económica de extrema debilidad que nunca fue fue comprendida por el gobierno, porque las encuestas que enamoran a Durán Barba y a Marcos Peña se alimentan de los grandes centros urbanos y rara vez tienen en cuenta a ese 40% de argentinos que viven en ciudades y pueblos pequeños y que son los que producen el 60% de la riqueza de este país. De haberlos consultado se habrían enterado de que la actividad caía, los costos se disparaban y la torta se achicaba a cada instante.

3- el empecinamiento de Macri y sus principales asesores en no dialogar en serio con aquellos sectores del peronismo que buscaban dejar atrás al kirchnerismo y que durante dos años le dieron gobernabilidad a Cambiemos recibiendo a cambio el desprecio, el intentó de “avivada” y la inocultable intención de licuar su presencia en la vida política. Los estrategas macristas pensaron, con tanta torpeza como ingenuidad, que agotada Cristina y sin un liderazgo neto, el peronismo terminaría desapareciendo y, ya cooptado el radicalismo por las falsas promesas de participación, el escenario quedaría expedito para una hegemonía amarilla que rápidamente se extendería por toda la Argentina.

El doble error solo sirvió para dejar al gobierno sin aliados y sin eventuales compañeros de ruta en eso de gobernar. ¿Se puede ser tan torpe, ingenuo o malintencionado?…Macri demostró que si.

Y ahora, en una debacle con tufos de final anticipado, vuelve a cometer los mismos errores con un intento de cambiar para que nada cambie.

Incorporar al gabinete figuras que en su momento le advirtieron que se iba por un mal camino, dejando en sus cargos a aquellos que ganaron entonces la pulseada y lo empujaron a equivocarse en la estrategia general y particular, es disparar nuevas internas, nuevas incoherencias e insistir por el camino del error y la inconsistencia.

A meses de la cumbre del G 20 desplaza al canciller que negoció con cada uno de los líderes que asistirá al magno encuentro y coloca en su lugar a un economista que desde entonces está de gira por los medios de comunicación para marcar impiadosamente los errores cometidos.

Intenta también incorporar a Carlos Melconián, otro de los que advirtieron que se marchaba por la ruta equivocada, y que no ha sido menos crítico que el propio Prat Gay.

Pero deja en sus cargos a Marcos Peña y a todos los que fueron señalados por “los nuevos salvadores” como los principales responsables de la perdida de contacto con la realidad. Un disparate, un sinsentido y…un suicidio a corto plazo.

No habrá entonces cambio de rumbo ni corrección alguna; solo nuevas peleas de palacio que marcan el territorio del poder pero en nada ayudan a mejorar la visión general sobre el futuro de cada uno de nosotros. Nada más…

Macri va alimentando cada día un final que nadie quiere, pero que será inevitable si el presidente no termina de entender que ha llegado la hora de los consensos. Esos que, en algunos casos por convicción y otros por necesidad, reclama la dirigencia del país. Y que todos sabemos que es la última oportunidad de corregir un presente peligroso y encontrar algún camino de serenidad hacia el futuro.

Cuando la realidad nos muestra que nos hemos equivocado no hay peor error que creer que la realidad no existe. ¿Es tan difícil entenderlo?.

A veces parece que si….