Carlos Arroyo y esa extraña costumbre de generar juicios a la ciudad

Por Adrián FreijoEl decreto firmado por el intendente Arroyo para caducar la concesión a la firma Hermitage S.A. tiene una endeblez que asegura millonarios juicios que deberá pagar el vecino.

Las fobias no son buenas consejeras de los gobernantes. Cuando quien detenta la responsabilidad de administrar bienes de la sociedad se deja llevar por impulsos personales propios, o malos consejos de asesores que buscan utilizar el poder de turno para dirimir viejos enconos personales o resolver negocios nunca explicitados.

Carlos Arroyo ha sido un gobernante manipulado por su entorno. Desde aquellos primeros días de gestión en los que aparecía como una extensión de las decisiones de Emiliano Giri -que no dudaba a la hora de hacer público que en él reposaba el verdadero poder- hasta el tiempo marcado por la llegada de Hernán Mourelle al gabinete, momento en el que el jefe comunal comenzó a descargar su vocación por el conflicto sobre el lomo de aquellos que le eran señalados por el recién arribado.

Y siempre con el telón de fondo de declaraciones rimbombantes, frases épicas y disposiciones de dudoso cuño que nunca terminaban de cerrar desde lo político o desde lo legal. Así fue que en demasiadas ocasiones debió dar marcha atrás en cuestiones que, se suponía por la enjundia de los enunciados, eran para marcar el nacimiento de un nuevo tiempo en la ciudad.

Todo cayó entonces bajo la órbita de la justicia y todo fue mostrando un grado de improvisación y de irresponsabilidad que ya ubican el accionar más cerca de la psicología que del derecho.

Así ocurrió con las denuncias contra el ex intendente Gustavo Pulti, que fueron cayendo una a una por su insustancialidad, y así pasó con la caducidad de las concesiones del Balnearia N°5 de La Perla, los incumplimientos de quienes explotan las cocheras cubiertas de la zona de Playa Grande y el escándalo en torno al espacio conocido como Rancho Móvil.

En todos estos casos, y en tantos otros como la quita de exenciones a la actividad teatral o la cuestión de las bonificaciones docentes, la improvisación, el arrebato y la carencia de un análisis sólido marcaron el paso de una administración que pone a Mar del Plata y Batán en el riesgo permanente de tener que afrontar en el futuro millonarios juicios que caerán sobre las espaldas de los golpeados contribuyentes de general Pueyrredón.

El decreto que ahora caduca las concesiones del Paseo Las Toscas y el Paseo Hermitage escandaliza por la falta de sustento jurídico en sus formas y en su fondo. Todo en él es un canto a la liviandad y al oportunismo en la peor de sus caras.

En él no solo se avanza sobre supuestos unilaterales en base a conclusiones acerca de acuerdos entre particulares que nada tienen que ver con la relación estado-concesionario, sino que se incurre en la aberración legal de arrogarse el intendente facultades propias del Poder Judicial al disponer una inhabilitación para la empresa concesionaria que solo puede ser resuelta por un juez tras una sentencia firme. Quienes lo asesoraron desde el campo del derecho, deberían volver a cursar algunas materias en la facultad; incluido Arroyo que afirma ser abogado.

Pero el caso sirve para alertar, una vez más, sobre la necesidad de que los gobernantes piensen bien y cuidadosamente cuando de avanzar sobre derechos de terceros se trata. Un mal consejo, una mirada sesgada y sobre todo la inquina personal como parte de la acción política suelen ser la puerta por la que se cuela el fracaso que rara vez paga el responsable.

Por estas horas un proyecto del Frente Renovador parece poner en un sitio de sentido común tanto delirio. Tomando todos los antecedentes de cuestiones que han derivado en conflictos judiciales se propone una comisión que investigue todas las concesiones de unidades fiscales vigentes y dictamine acerca del estado de las mismas.

Todas. Incluidas las que ahora pretende Arroyo caducar en forma extemporánea.

Lo que supone la posibilidad que, de una vez por todas, los bienes públicos y los intereses privados dejen de ser botín de guerra de imbéciles, fanáticos… y vivillos.