Centro Cultural Soriano: para verso está faltando un escenario

La Sala «A» del Centro Cultural Osvaldo Soriano presenta un estado lamentable que exige una respuesta de las autoridades municipales. ¿Qué política se resolvió para los espacios locales del sector?.

Una imagen que vale más que mil palabras, una vergüenza que tendrá mil explicaciones pero ninguna razón, una sospecha que acompañará por siempre a un sector ideológico mientras no muestre firmeza en el cuidado de las cosas del estado.

Tal vez lo que ocurre por estas horas en la Sala «A» del Centro Cultural Osvaldo Soriano sea utilizado políticamente para golpear a la administración de Guillermo Montenegro e instalar la eterna sospecha de que la desidia esconde en sus pliegues una intención privatizadora enancada en aquello de que el estado no puede hacerse cargo de las cosas no rentables. Pero ocurre que resulta difícil no caer en la tentación del prejuicio cuando la realidad nos muestra un grado de abandono y desinterés que roza con el desprecio.

Un espacio que ha sido símbolo de la cultura marplatense y por el que han pasado actores, actrices, músicos, bailarines, disertantes y referentes de la cultura local y nacional de todas las disciplinas imaginables y en el que no hace tanto tiempo se llevaban adelante debates memorables entre quienes se postulaban a gobernar la ciudad, muestra un deterioro que duele, ofende y empuja a sospechar que semejante abandono no puede ser casual y corresponde a una mentalidad lo suficientemente perversa como para pretender que los lugares públicos destinados a enriquecer el alma de la gente son secundarios en la preocupación de quienes nos conducen.

Mañana mismo, apenas asome el sol sobre nuestras playas, el jefe comunal debe convocar a su Secretario de Cultura y conminarlo a poner manos a la obra para recuperar esa sala y devolver a Mar del Plata un sitio que le pertenece por derecho propio. Porque una comunidad que valora su cultura por debajo de dos tarros de pintura y algunos paneles no será la que tenga detrás una historia como la que puede mostrar con orgullo nuestra ciudad.

Y mucho menos creer que es realmente «el lugar en el mundo» que esgrime como propio nuestro intendente.

Que de la foto surge que para verso estaría faltando un escenario…