Un caso insólito en el que un joven de 14 años termina procesado por robar un chocolate, en una de las cadenas de supermercados que en más ocasiones engaña a los clientes con precios amañados.
De acuerdo a la información el gerente de una de las sucursales de supermercados Toledo vio ingresar al joven al que conocían porque ya había tenido algún otro problema similar tiempo atrás.
Se trata de un menor de 14 años en situación de calle que se dirigió hasta el sector de golosinas y tomó un pequeño chocolate, todo esto vigilado desde las cámaras de seguridad por el mismo gerente.
Cuando el menor intentó abandonar el supermercado, entre el gerente y el custodio de seguridad lo impidieron.
“Es la necesidad básica de cualquier menor en comer una golosina. ¿Cuál es el perjuicio que sufre una firma tan grande?” se preguntó una fuente judicial.
Lo cierto es que el gerente llamó a la policía y pese a la recomendación de no judicializar este tipo de problemática insistió en pedir la intervención de un fiscal.
Es verdad que cualquier acción contra la propiedad privada debe ser condenada, pero no es menos cierto que parece una exageración el uso y abuso de la maquinaria judicial -demasiado comprometida por estos días como para tener que instruir un sumario y posterior expediente por un pequeño chocolate- máxime viniendo de una firma que desde hace tiempo recibe permanentes quejas de sus clientes por la actitud engañosa que suele tener en materia de precios.
«Ofertas» mal explicitadas, mercaderías puestas en lugares marcados con precios inferiores que luego en la línea de caja, si la situación no es advertida por el comprador, termina costando a veces el doble de lo indicado, trampas con el gramaje de los productos que luego representan un precio distinto al anunciado y muchas otras maniobras que tienen como único destino engañar al desprevenido comprador.
Sería bueno entonces que los clientes que se sientan engañados -aunque más no sea en carácter de intento- por las autoridades de los Supermercados Toledo, exigieran en el momento que se hiciese presente un fiscal y radicaran una denuncia por intento de estafa.
Tal vez entonces un joven en situación de calle dejaría de robar chocolates y una empresa a la que por años ha sostenido el estado dejase de intentar robarle a la gente.
Parece justo…¿no?


