CLOACA

Llena de vergüenza escuchar como el Ministro de Trabajo trata a una empleada doméstica a la que además tenía en negro. Pero la exposición de Jorge Triacca no es más que la de toda la dirigencia.

Escuchar al kirchnerismo denunciar armado de causas cuando todos los argentinos vimos a su gobierno inventar aquella bochornosa causa que involucró a los hijos de Ernestina Noble o la que por un supuesto contrabando le armaron a Francisco De Narváez es, al menos, muy fuerte.

Observarlos rasgarse las vestiduras por la pérdida de fuentes de trabajo cuando tras una década a la que pomposamente bautizaron como “Ganada” dejaron un 25% de desocupación, un 28% de subocupación y más de 3 millones de planes sociales a los que incluían en la Encuesta Permanente de Hogares como “trabajador regularizado” desafía los límites de la razón.

Para la gente común, esa a la que la vida le enseña todos los días que las cosas son como se ven y no como te la cuentan, no hay martingala legal que pueda esconder los obscenos patrimonios de la familia Kirchner, de Lázaro Báez, de Cristóbal López y de tantos otros, presos o libres, que se bañan en oro sin ´poder acreditar antecedente laboral o profesional alguno.

Pero cuando la gente, cansada y asqueada, les da la espalda a los ladrones de ayer, se encuentra con Macri perdonándole a su padre una deuda de 4 mil millones de pesos, al ministro Dujovne con millones de dólares depositados en el extranjero, a empresas vinculadas al propio presidente ganando las licitaciones de obra pública en igual o mayor cantidad que aquellas del presidiario Lázaro (al que no lo resucita ni Cristo), a la propia Primera Dama confeccionando ropa para sus empresas en fábricas clandestinas en las que trabajadores ilegales extranjeros son sometidos a un régimen de esclavitud o a gran parte del grupo más allegado al mandatario ganando U$S 700 millones en pocas horas de la mano de aquella operación del “dólar futuro” que al mismo tiempo tildaban de traición a la patria.

Y ahora un Ministro de Trabajo que tiene a su empleada doméstica en negro, que la “blanquea” nombrándola como interventora de un sindicato al que por supuesto jamás asistió y que la denigra con insultos ya no propios de un grosero sino de un mal hombre.

¿Conclusión?: no es el kirchnerismo ni es el macrismo; es la clase dirigente argentina.

Salvaje, impune, corrupta, con perfiles psicopáticos inocultables y sabedora de que aquel anillo de su congénere Julio Grondona contenía la única verdad inmodificable de la Argentina: Todo Pasa.

Nuestro país no tiene futuro; es tan doloroso como cierto. Mientras nos roban, se abusan, atropellan nuestros derechos y nos convierten en sencillos engranajes de la maquinaria de poder, nuestros dirigentes nos mantendrán a la defensiva frente al delito, a la droga, a la inflación, a la violencia social o cualquiera de las mascaradas que sacan de la galera para dominarnos.

Y ni siquiera nos queda la esperanza de escaparnos por la cloaca; nos encontraríamos en ella con todos ellos, disfrutando de su hábitat natural.

Así de simple.