COMBATIR SIN PAUSA EN LA CIUDAD DE LAS MAFIAS

Los nuevos ajustes de cuentas en Mar del Plata nos ponen de cara a una realidad que sería suicida negar: más allá de las falsas estadísticas y los discursos la ciudad tiene ya perfiles mafiosos.

Hace más de veinte años las mafias de la droga eligieron a Mar del Plata como uno de los principales centros para el desarrollo de su actividad.

Buen mercado de consumo -es la cuarta ciudad del país en cantidad  de habitantes y tiene un potencial de venta en tiempo de vacaciones que la duplica como mercado- con fáciles accesos por tierra  e inigualable salida hacia el mundo por el mar, somos un territorio apetecible para cualquier interesado en desarrollar este criminal negocio.

Pocos fuimos los que gritamos -predicando en el desierto- previniendo ya por entonces que este desarrollo era tan obvio que solo un tonto o un cómplice podía no verlo. Nadie escuchó, todos miraron para el costado…y las consecuencias comienzan a pagarse hoy.

Mar del Plata se ha convertido en territorio de las mafias; tal cual ocurrió con Rosario, que reúne varias de las mismas apetecibles características que nuestra ciudad.

Los ajustes de cuentas están al orden del día y la red de venta de drogas se ha extendido de forma tal que hoy sería prácticamente imposible desarmarla sin que los narcos pudiesen renovarla tantas veces como hiciese falta.

La situación es de tal gravedad que ya harían falta soluciones excepcionales en las que cuerpos especiales, apoyados en legislaciones de excepción, sean autorizados a arrasar con los protagonistas de esta historia que de otra forma terminará con Mar del Plata convertida en rehén del narcotráfico y su impunidad.

¿Lo entienden las autoridades?, ciertamente no. Están demasiado preocupados en dar a conocer estadísticas que nadie cree y que la realidad convierte en ridículas.

¿Lo comprenden los legisladores?, tampoco; temen tanto a los cultores de derechos humanos abstractos que no se animan a votar leyes que permitan luchar seriamente contra el flagelo.

¿Toma conciencia la población?, solo en el discurso cafeteril. No hay una verdadera presión de la gente, movilizada y exigente, para que los actores institucionales se pongan a trabajar en serio.

Y la droga, más viva y ágil que nosotros, avanza impunemente arrasando a su paso los valores mismos de una sociedad timorata y decadente.

Y se lleva puesta la vida de nuestros hijos y el futuro de esta sociedad. Nada menos….