Comienza un debate que nos lleva de cabeza hacia la nada

Por Adrián FreijoEl debate por el acuerdo con el FMI comienza hoy a marcar el futuro inmediato de la Argentina y de los argentinos. Los escenarios posibles que, en ningún caso, son deseables.

 

El oficialismo dividido, la oposición dividida, el mundo en guerra con consecuencias económicas que esta vez -a diferencia de lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial- no serán positivas para el país.

Si a este escenario se le suma un espiral inflacionario que tanto el gobierno como los acreedores necesitan mantener para ir licuando deudas y «acomodando» las cuentas fiscales y una situación social que se agrava día a día por el avance del prostibulario negocio del asistencialismo, alimentado por la decisión de las organizaciones sociales de aprovechar el momento para lograr la ansiada institucionalización que las equipare en el universo de la representatividad -eufemismo para hacerse cada día de más planes, más cajas y más poder- no puede caber duda alguna que lo posible, una vez más, dista mucho de ser lo deseable.

En el lento paso hacia un país gobernado por coaliciones, lo que en realidad no debería ser negativo, las diferencias internas en el Frente de Todos y en Juntos llegan así en el peor momento posible.

Enmarcado en un gobierno débil, dividido, jaqueado desde adentro por quienes parecen no comprender que hoy no hay margen, ni reservas, ni ingresos fiscales para reiterar aquella decisión de Néstor Kirchner de sacarse de encima al FMI pagando una deuda que además no era del volumen de la actual, el debate en el parlamento adquiere entonces dos características singulares: servirá para definir cuestiones internas y, se resuelva lo que se resuelva, nada aportará al futuro inmediato de los ciudadanos.

Con la frivolidad irresponsable que caracteriza a nuestra clase política, los ojos de los «entendidos» se posarán en la posición que tome La Cámpora y su golpeado líder, las actitudes, silencios y gestos de la vicepresidente y los embates que de un lado y del otro caigan sobre Martín Guzmán que sabe que llega al recinto con el boleto de salida picado y un par de posibles sucesores que emergerán del sector que termine ganando la pulseada.

Lo que el ministro pensaba como su legado es hoy, y lo sabe, su epitafio.

Tal vez todos los actores deberían estar más atentos a lo que ocurre afuera y no adentro del congreso.

Afuera es un mundo con los valores de las materias primas disparado -lo que nos beneficia- y los de la energía explotados, lo que neutraliza esos beneficios y ya, al día de hoy, marca una diferencia negativa que proyectada en el año representa un esfuerzo extra cercano a los U$S 4.000 millones. Que no tenemos…

Pero afuera es también una sociedad que no da más, que sabe que se le viene un ajuste duro e inevitable, una inflación que hace que cada día sea más difícil vivir y que la solución debería venir de una clase política…que tampoco tenemos.

Todo mal…todo dependiendo de circunstancias que no manejamos ni manejaremos en los próximos tiempos. Todo sometido a una puesta en escena en la que se pretende que a alguien le importa lo que voten los contendientes del relato y el voluntarismo.

Y aunque parezca paradójico, en esa incoherencia radica la importancia de lo que hoy empieza a debatirse…