Concejo Deliberante: correr para siempre el velo de la sospecha

Por Adrián Freijo – Tal vez la frase de los concejales de Unidad Ciudadana lo defina todo: “¿para qué el apuro?”. Taxis y micros, “food trucks”, fotomultas. Mucho dinero en juego y dudas.

Alguna vez habrá que volver al centro de la escena un principio siempre soslayado: el contenido moral del sistema democrático. Eso que que tomado cientos de definiciones distintas, ocupado miles de horas de debate y volcado en cientos de tratados que fueron, lentamente, convirtiéndose en letra muerta.

Cuando lo hagamos, cuando entendamos que ese contenido es el germen de la vida en sociedad, habremos entendido para siempre de que hablamos cuando hablamos de un contrato social.

Mientras tanto seguiremos observando -con una indiferencia general que se parece al suicidio- como nuestros representantes descuidan las formas, corren el límite de lo aceptable y se zambullen en las aguas de la sospecha que aleja cada vez más a la gente común de sus dirigentes.

Hace pocas horas el Concejo Deliberante votó una serie de ordenanzas que tienen, todas ellas, un hilo conductor: negocios millonarios que afectan el bolsillo de la gente.

Solo el presupuesto, presentado a las apuradas y con una desprolijidad que enciende luces de alerta acerca del tan mentado “nuevo tiempo” que pregona el hasta ayer todopoderoso enviado de la gobernación para ejercer una intervención de facto, quedó para otra ocasión y seguramente deberá ser observado detenidamente por la nueva composición del cuerpo que seguramente tendrá preguntas que aclaren tanta duda que se esconde entre los pliegos farragosos de un instrumento que siempre debe otorgarse a quien gobierna, pero también exigir de él una claridad que evite convertirlo -como ocurre siempre durante su ejecución- en letra muerta.

La sesión de ayer fue una ronda de negocios de la que algunos, con inteligencia en algunos casos y notoria mala fe en otros, trataron de zafar.

Tanto Juan Aicega (PRO) como Lucas Fiorini (Cambiemos-CREAR) renunciaron a sus bancas so pretexto de jurar como legisladores en otras jurisdicciones. Ambos pudieron estar en sus bancas; la asunción de sus nuevos cargos fue un acto formal, pero sus mandatos vencen en el Concejo el 10 de diciembre y comienza en los otros honores el 11 del mismo mes. No hay, de ninguna manera, duplicidad de funciones.

¿Era lógico entonces que sus asientos fueran ocupados por suplentes que desconocían el tratamiento de expedientes tan sensibles como los que ayer se trataban?, ¿qué validez moral tiene una mano levantada para aprobar lo que afecta al ciudadano que los colocó en sus bancas y cuyo contenido ignoran?.

Los ediles de Unidad Ciudadana supieron dar en la tecla. Se retiraron del recinto reclamando por un apuro inentendible y dejando clavada -seguramente en forma no inocente- la vara de la sospecha.

Viene un nuevo tiempo, con nuevas caras y con la necesidad de abrir las ventanas y dejar entrar el aire fresco. Este ambiente espeso, sospechoso y reiterado.

Pero la verdad es que ayer fueron muchos los que salieron de la sesión festejando ordenanzas que arrimarán a sus bolsillos muchos millones de pesos que saldrán de los de los marplatenses.

Quisiéramos creer que quienes festejaban eran solo los empresarios. Quisiéramos creer…