Confesiones de un ministro: “Vidal se dio cuenta que Arroyo la empujó al abismo”

Es hombre de confianza de la gobernadora, y antes que De la Torre fue el encargado de “salvar” el naufragio marplatense. Fue el que aconsejó “terminar en marzo” el problema y no fue escuchado.

Hacía pocas horas que había terminado el encuentro a solas en Chapadmalal entre María Eugenia Vidal y Carlos Arroyo, cuando el teléfono del Director de LIBRE EXPRESIÓN sonó. Del otro lado, uno de los ministros más destacados del gobierno provincial informó que la suerte estaba echada: Arroyo debía irse en marzo y octubre encontraría al distrito votando un nuevo intendente.

La respuesta de este periodista fue “de manual”: “usted sabe que si publico esto la jugada se aborta”, dijo sabiendo que en estos enjuagues políticos la sorpresa es el componente imprescindible. “Y por qué cree que lo llamo?”, fue la respuesta, fría, profesional, cargada de ironía del interlocutor.

Estaba claro; quien así nos hablaba formaba parte de quienes creían que la salida del patético intendente era una muestra de debilidad o, al menos, del error que se había cometido al elegir a quien solo aportaba votos más allá de representar la visión negativa del quien recogía los desencantos sin poder aportar una sola idea al nuevo tiempo.

Hoy posiblemente esté tomando nota que su actitud “buchona” de entonces de poco ha servido para “salvai” a la gobernadora. María Eugenia Vidal debe reconocer en cada aparición pública la posibilidad de una derrota, que aún intentando disfrazar de “heroísmo funcional” no pude disimular una posición de debilidad. Y todo porque cada uno de los informes que recibe en su escritorio son contestes en una realidad inocultable: la única diferencia con aquellas jornadas gloriosas de 2015 radica en la desastrosa posición de su espacio en General Pueyrredón.

Sigue perdiendo en el conurbano, achicó los números ganadores en La Plata, puede rescatar un “empate” en Bahía Blanca…pero Mar del Plata-Batán son una debacle imparable. Y ese desastre tiene el nombre de Carlos Fernando Arroyo.

Y la gobernadora, decepcionada y herida por lo que considera una falta absoluta de compromiso con el políticamente misógino Zorro Uno -solo afecto a reconocer a sus mujeres en la acumulación de sueldos y dineros públicos- comprende ahora que se equivocó al mandar a operar a aquel ministro para hacer explotar aquel ultimátum que le imponían Macri y Rodriguez Larreta y que ella consideraba, al menos, prematuro.

Ahora ya es tarde…aunque en La Plata insistan en que después de octubre la cabeza del “desembarcador normando” será la moneda de cambio que se ofrecerá a la oposición para lograr migajas de gobernabilidad.

Y el nombre del sucesor, viejo saltimbanqui de la política al que todos aceptarían por su calidad de “lobo solitario” (léase zorrillo onanista) ya ha sido consensuado por estas horas...entre risas y “fiorinis”.

Así se escribe la historia…