Confiterías Boston: una lección que todos debemos aprender

Por Adrián FreijoLa historia va a terminar como sus autores quisieron desde el principio que terminara. Ni la persistencia del gremio y los trabajadores pudieron evitar lo que tenía que pasar.

Los propietarios de la tradicional firma marplatense se propusieron vaciar un negocio que a todas luces podía ser rentable y lo consiguieron. Si existiese una justicia competente y honesta, en un estado consciente de sus responsabilidades, debería investigarse rápidamente que es lo que hay detrás de una maniobra tan burda como planificada. Seguramente no será así…

Reuniones, promesas, conciliación obligatoria: una burla a los trabajadores y al estado.

No fueron pocas las voces que se levantaron para prevenir lo que venía. La UTHGRA local no solo acompañó desde un principio el reclamo de los trabajadores sino que expresó públicamente su sospecha acerca de lo que se escondía detrás de la aparente situación de crisis.

Al menos esta vez una organización gremial no puede ser señalada por llevar adelante una política de “apriete” ni nada que se le parezca. Por el contrario, y pese a sus dudas y certezas, el gremio participó de las negociaciones, concedió plazos, postergó sus propios derechos como acreedor de aportes que jamás se realizaron, sostuvo al personal que padeció meses enteros sin percibir sus salarios y se abrió a cuanta propuesta y falsa promesa hicieron los responsables de la razón social.

La falta de control por parte del estado, la inacción de la justicia y esa ventaja posicional que en un país sin ley siempre tiene el delincuente sobre el honesto, jugó una vez más a favor de una maniobra que solo buscaba dilatar en el tiempo el momento de dar el zarpazo, despedir a los trabajadores y cerrar el círculo vicioso bajando la persiana, uno a uno, los locales de la empresa. Y vaya si lograron hacerlo con la precisión de una bomba de tiempo...

Lotero y sus secuaces tuvieron el apoyo de todo el gobierno municipal.

Si hasta Pablo Lotero, CEO de confiterías Boston, fue recibido junto a sus cómplices por el intendente municipal, una de las primeras víctimas de sus mentiras. Hubiese sido de mucho valor que Carlos Arroyo se involucrara luego en el reclamo de los despedidos: si como jefe comunal puso al servicio de los vaciadores su despacho y el prestigio de la marca Mar del Plata, en ese mismo rol debió ponerse al frente del reclamo de las víctimas de aquel error. Nunca lo hizo…

Ya con los despidos notificados, los locales en vía de desalojo, la marca desprestigiada y decenas de estafados en su buena fe, la marca Boston pasa a ser una historia cuyo final contradice aquella luminosa que la destacó en el comercio local.

Y una vez más aparecerán las indemnizaciones parciales y cuando se le antoje al empleador -algo para lo que también se “acogerá” a la ley vigente- quedarán las deudas de aportes previsionales que fueron dolosamente retenidas, nadie se hará cargo de los aportes sindicales, ni de los impuestos ni de los proveedores…ni de nada.

Deberán replantearse las instituciones oficiales su rol y su funcionamiento. Ni la justicia ni el Ministerio de Trabajo están hoy capacitados a resolver nada que no cuente con la buena voluntad de las partes en conflicto. Pero mientras los trabajadores y sus organizaciones vayan en busca de una solución y los empleadores usen el tiempo y la ineficacia del estado para cumplir con sus inconfesable planes, la sociedad organizada no será posible y los derechos consagrados se convertirán en letra muerta sin valor alguno.

Y siempre ganarán los malos… aunque todos nos demos cuenta de cual es su plan.