Conflicto de poderes: una demanda absurda que nadie toma en serio

Por Adrián FreijoDesde hace semanas se saben dos cosas: que Arroyo iba a plantear el conflicto de poderes en la cuestión de los docentes municipales y que el planteo carece de seriedad.¿Porqué?.

Era un secreto a voces el que Carlos Arroyo, asesorado por el ala dura de su equipo más cercano, iba a recurrir a la Corte provincial planteando el conflicto de poderes en la cuestión de las bonificaciones a los docentes municipales. Y que el planteo pasaría por desconocer al Concejo la facultad de reinstalarlas, tal cual ocurrió con el apoyo no solo de la oposición sino de muchos de los integrantes de la bancada oficialista.

Tan conocida era la cuestión que hasta se sabía cuales iban a ser los argumentos legales utilizados por el Ejecutivo y la poca consistencia de los mismos. De hecho la pretensión de Arroyo es que el organismo provincial repita en este caso lo resuelto en la causa  B. 74.042, «Ostoich, Oscar Darío contra Concejo Deliberante de Capitán Sarmiento. Confl. art. 196, Const. Prov.» , en la que reconoció parcialmente al intendente de aquella comuna el derecho a disponer sobre la aplicación del presupuesto, principal argumento que el jefe comunal y su disparatado escudero Hernán Mourelle pretenden constituir en General Pueyrredón como una regla general.

Para no aburrir al lector con divagaciones técnico legales, nos limitaremos a decir que es un secreto a voces que el caso invocado nada tiene que ver con lo que aquí se trata.

En aquel caso el agravio del intendente Ostoich tenía que ver con lo que consideraba una alteración por parte del cuerpo deliberativo de lo dispuesto en el presupuesto comunal, mientras en este conflicto todo se desarrolló al revés: fue Arroyo quien dispuso quitar a los empleados municipales un derecho adquirido a lo largo de más de dos décadas, y el haber quitado del instrumento legal dicho beneficio supone la irregularidad sobre la cual, en algún momento, deberá expedirse la Corte.

En pocas palabras la cuestión de fondo radicaría en la quita de un derecho y no en el mecanismo legislativo para reponerla.

Es de tal endeblez la posición del Ejecutivo comunal que ni siquiera quienes asesoraron a Zorro Uno se detuvieron a pensar que en el mismo fallo citado el supremo replica la doctrina sostenida hasta el cansancio por el Tribunal de Cuentas de la provincia y, en este caso, el que controla en General Pueyrredón la administración de los fondos municipales.

Los tres organismos, con su diferente injerencia institucional, son contestes en las obligaciones y derechos de los ejecutivos y los legislativos y han sostenido una jurisprudencia que deja muy mal parada a la pretensión de Arroyo-Mourelle en este caso.

¿Qué es lo que pasó?. La respuesta tiene tres aristas de impactante nitidez: la endeble formación jurídica de Arroyo, un cultor de los disparates en el derecho que ha reiterado hasta el agotamiento poniendo en evidencia las carencias que lo caracterizan en la materia, la soberbia vacua de Hernán Mourelle, siempre enfrentado a la realidad hasta el punto de salirse sin culpa alguna del marco de la legalidad y el pésimo asesoramiento jurídico que el intendente recibe como precio a una salvaje interna en su propio gabinete y cercanías.

Claro que todas estas movidas tienen costo y ese costo lo pagarán no solo los docentes municipales -seguramente la intención solapada es estirar la causa todo lo necesario para irse del gobierno sin hacerse cargo del compromiso- sino en su momento el pueblo todo de Mar del Plata y Batán que deberá afrontar el daño que este capricho genere.

Se sabía que Arroyo y sus «asesores» intentarían esta vía, se conocía el pobre argumento jurídico que iban a intentar…ahora se sabe que la irresponsabilidad de quienes nos gobiernan pondrá al municipio frente a un conflicto y un costo.

La frutilla del postre de una administración olvidable, caprichosa, torpe y amiga de torcer la realidad sin reparar ni en el costo ni en el daño que ello produzca.

Hasta que alguna vez…Dios y la Patria se lo demanden. Y si es posible, le hagan pagar el daño que tan pocos producen a tantos.