Conflicto docente: el fracaso de la democracia vacía

Adrián FreijoOtra vez el recinto del HCD como escenario de la queja docente, otra vez los discursos de adhesión y otra vez el desprecio oficial y la sensación de que nada va a cambiar en el conflicto.

Es bueno que los docentes encuentren en el Concejo Deliberante un lugar en el que expresar su queja por tanto atropello y destrato, y es bueno que los ediles de casi todas las bancadas expresen su acompañamiento a quienes vienen sufriendo una persecución tan perversa como inentendible que no ha dudado siquiera en llegar a una campaña de agravio constante a los trabajadores, a sus representantes y al sistema educativo municipal en particular.

Es bueno también que la sociedad observe, con alguna módica excepción, la obscena ausencia de los concejales del arroyismo, en una más de las constantes demostraciones de desprecio por la democracia, sus formas y su fondo. Deben los marplatenses saber que quienes gobiernan se niegan al debate, descreen de las instituciones y utilizan la mentira como instrumento de acción política y domesticación de quienes reclaman o se oponen a sus designios.

Y claro que es bueno que la ausencia estruendosa del Secretario de Educación quede en evidencia ante todos; alguna vez volverá al llano y deberá rendir cuentas del salvajismo con el que llevó adelante su gestión, atacando de manera constante a quienes hasta el momento de su asunción eran sus pares.

Y lo son también las provocaciones de Hernán Mourelle que servirán sin duda para que ningún intendente en el futuro se anime a designar en su gabinete a un personaje de semejante perfil antisocial y violento.

Todo ello es bueno…ayuda a comprender y mueve a la construcción del pensamiento crítico.

Pero no es nada bueno que todos sepamos que el ejercicio democrático de ediles y peticionantes no servirá para nada, en tanto la soberbia y desprecio oficial se saldrá por el momento con la suya.

Hemos escuchado desde la Banca 25 decenas de denuncias fundamentadas acerca de concursos amañados, designaciones irregulares, desaparición de partidas presupuestarias que debieron tener como destino el mantenimiento de los edificios escolares y hoy nadie puede explicar en donde terminaron su recorrido, maltratos a maestros y directivos, violaciones flagrantes de la normativa vigente y cuanta irregularidad y sinrazón pueda el lector imaginarse. Cuestiones que en una democracia algo más que formal derivarían sin duda en un verdadero escándalo y depararía inmediatas sanciones para los responsables.

Pero nada de esto pasará…

Ni Arroyo volverá sobre sus pasos, ni Destéfano revisará su insidioso comportamiento, ni Mourelle reconocerá el derecho adquirido de los docentes, ni los concejales de Agrupación Atlántica acompañarán a sus pares en la aprobación de una interpelación a los funcionarios, y aún al intendente, que sirva al menos para que las cosas tomen el cauce del sentido común y la legalidad. Esta democracia anómica, especulativa, vacía de compromiso con la gente y traspasada por el tiempo preelectoral decantará en discursos, voces alzadas y palabras grandilocuentes para terminar, una vez más, en la nada misma.

Aunque detrás de esta historia haya miles de docentes que han visto mermado su salario, atropellado su derecho y lesionada su dignidad…

Aunque sus compañeros municipales los acompañen cada vez que haga falta en el reclamo y la protesta…

Aunque cada día se instalen al frente de sus aulas tratando de disimular ante los alumnos el dolor y el cansancio moral que tanto manoseo les genera…

¿Sirve una democracia que premia el capricho y el autoritarismo y deja en espera a los trabajadores, a los niños y a la educación?; ¿no agravia esto el espíritu de la Constitución y el destino de la república tal cual la definieron los fundadores de este sistema?.

¿Puede la justicia detenerse en tecnicismos para evitar expresarse acerca de algo que está tan claro y que supuso un derecho vigente durante tres décadas?.

Una sociedad organizada para castigar a sus mejores y proteger a sus marginales es una sociedad enferma y sin destino.

Hoy Mar del Plata puede presentarse como el ejemplo perfecto de esta perversión…