Contagios en la ciudad: la hora de abrir los ojos y aceptar la realidad

Por Adrián FreijoEn las últimas horas se produjo una cadena de contagios que nos obliga a mirar las cosas desde otro ángulo pero también representa una oportunidad para el conjunto.

Los más alarmistas hablan del riesgo de que los contagios se disparen en Mar del Plata, mientras otros prefieren hablar desde las teorías conspirativas o centrarse en el bajo índice de mortalidad o la falta de necesidad de ocupar alguna de las muchas camas de terapia intensiva disponibles. Ni los unos ni los otros están mirando los hechos con el prisma de la objetividad…

Durante las primeras semanas el debate pareció centrarse en esa grieta que llegó para quedarse en el país: ¿hizo bien las cosas Montenegro, acertó Alberto Fernández, se equivocó Kicillof?

Los datos que iban llegando dispararon los niveles de aceptación social por las decisiones tomadas y las tres cabezas políticas vivieron su momento de gloria, aupados por el aplauso de una sociedad que sin embargo no parecía entender lo que ocurría e interpretaba mal el mensaje que llegaba desde el poder político: el pico iba a llegar y se trataba de estirar lo más posible la curva de contagio para evitar que el sistema de salud disponible -al que en ese tiempo se pensaba fortalecer- colapsara ante una demanda voluminosa e inminente. Nunca se dijo que se le había ganado al COVID-19…más bien se insistía en que el éxito radicaba en demorar su aparición.

Pasados tres meses puede afirmarse que todo aquello que se nos comunicó, y que parece no supimos escuchar o entender, se ha confirmado: se logró el objetivo del achatamiento pero el virus llegó, está entre nosotros y ahora busca expandirse hasta hacerse dueño del terreno y del tiempo.

Claro que, con aciertos y errores y también con algunas claudicaciones en el terreno de la vieja política, los conductores de la crisis lograron multiplicar la tecnología de respuesta y asistencia frente al pico de la pandemia. Más camas, más respiradores, más médicos y sobre todo...más tiempo y más conciencia en la ciudadanía. 

Aunque la angustia económica comience a jugar en contra de la estrategia elegida, ya que también se nos anunció desde el principio que era posible que en algún tramo del camino hubiese que dar marcha atrás y volver a alguna etapa anterior del aislamiento. Y eso ahora aparece como un hecho factible y sería bueno que el temor al enojo ciudadano o la presión de quienes creen que la economía y la salud se ubican en un mismo plano no termine atentando contra todo lo conseguido.

Aceptemos la realidad, abramos los ojos y sigamos con atención las conclusiones que nos deja esta cadena de contagios locales que emparentan un hospital dependiente del PAMI con un geriátrico, con una comisaría de Balcarce y hasta con el penal de Batán. Ahora sabemos, con nombre y apellido, con personas reales y con escenarios concretos, cómo funciona este enemigo maligno que encuentra en la distracción, la irresponsabilidad y el error a sus principales socios.

Lecciones útiles, oportunas y determinantes para frenar nuestra ansiedad, escuchar y entender el mensaje y saber que esta guerra tendrá grandes costos para todos pero que si nos mantenemos firmes y alertas costará la menor cantidad de vidas posibles. A la crueldad del virus traicionero deberemos oponer la inteligencia del ser humano que, no en vano, se mantiene sobre este planeta desde hace siglos aguantando los embates de la naturaleza, las enfermedades…y sus propias violencias.

Llegamos hasta acá, ahora sabemos cómo funciona la cosa, sufrimos y nos esperanzamos, aplaudimos y abucheamos…¿tiene sentido volver sobre nuestros pasos?

La luz nunca dejó de verse al final del túnel.