COQUETEANDO CON LA MUERTE

Empresarios, Prefectura, tripulantes; todos salen de cada tragedia acusando al otro del estado calamitoso de la flota. Pasarán las semanas y, una vez más, nadie pagará por los muertos.

Tal vez la sociedad comenzó a tomar nota cuando la tragedia del Amapola y el Angelito. Por esas cosas que hacen que un tema, instalado frente a nuestras narices durante décadas, se vuelva un día visible, aquellas muertes nos gritaron que los controles de Prefectura eran insuficientes, que los armadores estiraban más allá de la lógica el tiempo de mantenimiento y aún la vida útil de barcos que ya no resistían una ola más y que los tripulantes, enceguecidos tantas veces por “la parte”, no se plantaban frente al calamitoso estado de su arma de trabajo e inclusive sobrecargaban las naves hasta limitarlas en su posibilidad de maniobra.

Una de aquellas naves, el Amapola, no tenía a bordo las mínimas medidas de seguridad e inclusive un tiempo antes de esa trágica jornada el siempre responsable Federico Contessi se había negado a “arreglar” en su astillero un barco al que ya consideraba insalvable.

Y para completar el cuadro -que se llevó también la vida de los marineros solidarios del Angelito que trataron un salvataje imposible para salvar a sus colegas- uno de los embarcados no era en realidad el que decía el rol de navegación que, se supone, controla Prefectura al momento de zarpar.

No pasó nada. Miles de palabras huecas después el caso languideció como todo en la Argentina y solo un puñado de llorosos deudos siguieron peregrinando por oficinas y tribunales tratando que, al menos, se resarciese económicamente su dolor. Y todo siguió igual..

Muchos siniestros y muchos cadáveres después, el Repunte viene a recordarnos que el mantenimiento de las naves sigue siendo insuficiente, el control de Prefectura no existe como tal y que los marineros embarcados siguen pagando con sus vidas un silencio que a veces está basado en la necesidad de trabajar y otras tantas en la complicidad irresponsable.

Y volverán las palabras, se levantarán los dedos acusadores, pasará el tiempo y seguramente no habrá otro responsable que la mala fortuna.

Esa mala fortuna que en la Argentina es cómplice de Cromañón, Once…y la pesca marplatense.