Cristina: una decisión con mil lecturas y un solo final posible

Por Adrián FreijoCristina pateó el tablero de la política argentina con una decisión que tiene mil lecturas y un solo final: ella en el centro del poder aunque quede fuera del gobierno. ¿Una señal a la unidad?.

Sería una error intentar medir hoy en intención de voto la decisión de Cristina Fernández de catapultar a la candidatura presidencial a Alberto Fernández -ex Jefe de gabinete de su marido, co fundador del Frente para la Victoria y después enconado enemigo de quien es ahora su aliada y mentora- reservándose para ella el lugar de la vice presidencia.

La jugada de Cristina es disparadora de otras jugadas y por tanto deberá evaluarse en su éxito y consecuencias cuando todas y cada una de ellas decanten. Allí se verá si estamos frente a uno más de sus raptos personalistas o por el contrario la ex mandataria supo leer la realidad, aceptó que su figura dividía al peronismo y ponía en riesgo las posibilidades de triunfo y se lanzó a la búsqueda de esa unidad con la fuerte señal de estar dando un paso al costado.

Claro que para lograrlo, después de tres años y medio de un agrio centralismo, encuentra ahora en el tiempo a su peor enemigo. Aunque la reunión de Alternativa Federal esta semana seguramente acortará los márgenes de las decisiones.

Cristina tuvo por primera vez en años una señal de razonabilidad económica: esperó un sábado, día sin mercados, para dar a conocer su revulsiva decisión. De haberlo hecho en un día hábil pudo ocurrir una hecatombe para el peronismo y una fuerte consolidación para el gobierno; seguramente los actores económicos habrían generado un clima artificial que sin embargo tendría inevitables lecturas políticas. Las horas que faltan de aquí al lunes, las especulaciones y comentarios, los editoriales y programas políticos, los trascendidos de visiones propias y ajenas, quitarán del medio el «efecto mercados» que seguramente ocurrirá pero ya como parte de un juego mayor y no como respuesta inmediata.

El abanico de situaciones se abre ahora frente a nuestros ojos con la amplitud de la cola de un pavo real.

¿Busca Cristina repetir aquellos tiempos finales de Perón?. ¿Espera ganar y que «el pueblo» pida que Alberto renuncie para que ella asuma el gobierno y el poder en plenitud?. Puede ser…demasiado mezquino pero posible.

¿Lanza un mensaje de unidad hacia los sectores del peronismo que la pusieron a ella como límite de cualquier acuerdo?. ¿Es la designación de Alberto Fernández «el lugar a negociar» antes del cierre de las listas partidarias para las PASO?. Es posible…y sería la señal más fuerte que hoy la ex presidente podría hoy dar hacia adentro del peronismo; por algo dijo en su mensaje que convocaba a «mis compañeros y compañeras a trabajar con alegría por la fórmula que le devuelva la felicidad a los argentinos» para plantear inmediatamente la unidad como objetivo. No dijo «esta» fórmula…dijo «la» fórmula.

Inmediatamente agregó que «siento que estamos dando el primer paso» hacia esa unidad. Más claro…

Pero…¿cómo se entiende que el anuncio se haga en la misma semana en la que Alberto amenazó a los jueces anunciando que «van a tener que rendir cuentas» despertando la ira de vastos sectores de la sociedad?, ¿no son justamente esos sectores los que se busca seducir con un mensaje de moderación?. ¿No es darle un arma muy poderosa a un gobierno que basa toda su estrategia en el miedo al pasado?.

Entonces…¿es realmente una decisión definitiva esta candidatura o solo el primer paso de una larga negociación como la propia Cristina dejó trascender.

Seguramente ahora todos los ojos se posarán sobre Roberto Lavagna, cuya presencia o ausencia en la reunión convocada por Juan Schiaretti será un mensaje muy fuerte acerca de lo que viene. Todos hablan por estas horas de los muchos contactos que en las últimas semanas mantuvieron el ex ministro de economía de Néstor Kirchner y quien fuera su Jefe de Gabinete y hoy amanece como candidato presidencial. ¿Enroque de último momento?…todo puede ser. Es claro que Cristina y los suyos prefieren a Lavagna, quien por edad no podrá pensar en una reelección y carece de toda estructura interna y capacidad de armarla, que a cualquier otro candidato con juventud, territorio o ambiciones.

Difícilmente pueda leerse otra cosa que no sea una jugada hacia la unidad. Pretender encarar la aventura de llegar a la presidencia con el sello de Unidad Ciudadana y Alberto como candidato es lo más parecido a un suicidio político que hoy pueda imaginarse. Forzar una negociación que se inicie bajo el manto de la fuerte señal de Cristina fuera del primer término de la fórmula, es otra cosa.

Por eso decíamos al principio que sería un error tratar de medir hoy el resultado en intención de voto de la jugada. Es claramente el puntapié inicial hacia el objetivo mayor: llegar a las PASO con una sola boleta que contenga a todos los sectores y que muestre a la sociedad el equilibrio que sirva para unir los dos lados de la grieta; Cristina en la fórmula pero sin la posibilidad de volver al unicato que consagró su anterior gestión.

Claro que todo depende de lo que perciba una sociedad cada vez más desconfiada y alejada de las jugarretas de los políticos.

Y eso será seguramente el desafío más difícil.