Crónica de un viaje inolvidable hacia la libertad

Por Adrián FreijoEl 16 de junio de 1984 partía del puerto de Buenos Aires la nave que llevaba de regreso a su país al dirigente uruguayo Wilson Ferreira Aldunate. Recuerdos de una noche inolvidable.

 

A las 21.05 horas del viernes 15 de junio de 1984, Wilson Ferreira Aldunate subía a la motonave «Ciudad de Mar del Plata 2» para cruzar el Río de la Plata y poner fin a once años de exilio. Unas dos mil personas, en su mayoría simpatizantes del Frente Amplio, saludaban a Wilson en el puerto de Buenos Aires. Desde la cubierta del buque, se despedía de sus compatriotas exiliados.

Algo más de 400 personas acompañaban al líder del Partido Blanco y a su familia y entre ellas estaba yo que unas horas antes había grabado con Aldunate un programa para Canal 10 de Mar del Plata.

En el hotel en el que se hospedaba en Buenos Aires estaba alojado el dueño de CX30 «La Radio», el luego senador por el Frente Amplio José Germán Araujo con el que esa misma noche iniciamos una amistad fraterna profunda, que ambos disfrutaríamos hasta su prematura muerte.

José Germán Araujo, héroe de la resistencia uruguaya

CX30 se encontraba casi en la misma frecuencia que por entonces usufructuaba LU6 Emisora Atlántica, en el 1120 Khz -la uruguaya estaba en el 1130 khz, y había sido clausurada por a dictadura uruguaya del Gral. Goyo Alvarez que además había ordenado la detención de Araujo. Aquella misma noche, compartiendo varios whiskys durante la travesía, comencé a conocer la historia de este hombre que padeció todo tipo de torturas y varios simulacros de fusilamiento, además de padecer esa terrible puesta en escena sobre personas de su familia y en su presencia. Nada pudo quebrar su coraje y el pueblo uruguayo se lo reconoció hasta el fin de sus días convirtiéndolo en un héroe de la resistencia contra la tiranía.

Se había acercado a mí en el hotel la tarde anterior para agradecerme algo que habíamos organizado en Mar del Plata con un grupo de uruguayos exiliados en la ciudad y que llegó a tener una impensada repercusión en Montevideo.

Al estar clausurada CX30 nuestra LU6 entraba en la capital uruguaya con la potencia de una radio local -hay que recordar aquí que ambas emisoras tuvieron durante años una puja administrativa ante la ITU, organismo de la ONU para los medios de comunicación, ya que al tener frecuencias casi idénticas no podían transmitir con la máxima potencia autorizada para cada uno de los países ya que de hacerlo producirían mutuamente interferencias.

Fue así que aprovechando el silencio obligado de la radio montevideana organizamos todas las noches, a las 3.30 hs locales, un microprograma de 15 minutos en el que los exiliados enviaban saludos a sus familiares y emitíamos grabaciones con el mensaje de políticos como Wilson Ferreira Aldunate e inclusive algunos extraídos secretamente del Gral. Liber Seregni, fundador del Frente Ampio, desde el penal en el que se encontraba detenido.

Detenido en pleno viaje Wilson saluda a sus seguidores en el puerto montevideano

Poco después de aquel dramático aunque festivo viaje grabaríamos con José Germán Araujo dos recordados programas de «Conciencia Crítica» en el que el senador expondría las pruebas que había recopilado de la complicidad de la dictadura argentina con su par uruguaya en el Plan Cóndor y los acuerdos represivos del Alte. Eduardo Massera, el presidente  charrúa Goyo Álvarez y el feroz represor José Nino Gavazzo quien comandaba, entre muchas otras, las operaciones en territorio argentino.

Según las constancias recopiladas por Araujo, la reunión entre estos tres criminales para planificar el secuestro y asesinato de Wilson y de los senadores uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, todos ellos exiliados en el país, se realizó en la zona del Tigre en un yate perteneciente al magnate argentino Jorge Antonio quien estaba presente durante el acuerdo.

Solo Aldunate, avisado a tiempo, logró salvar su vida.

Y en aquella noche de la travesía, entre la excitación de quienes sabían que estaban viviendo una jornada histórica y el temor ante la información de que el dirigente blanco con su hijo Juan serían detenidos antes de llegar a Montevideo -lo que en definitiva ocurrió apenas ingresados en aguas jurisdiccionales uruguayas- todas esas historias de dolor y persecución adquirían el dramatismo de tantas horas vividas por ambos pueblos hermanos.

Pero todos sabíamos que la dictadura en aquel país ya estaba en sus últimos estertores y la activa participación del presidente argentino Raúl Alfonsín y del jefe de gobierno español Felipe González, como las intervenciones de los mandatarios de Bolivia, Colombia y Venezuela, las tres democracias más fuertes y consolidadas en el norte de Sudamérica, logró que la seguridad del dirigente fuese asegurada y, aunque debió permanecer detenido durante casi cinco meses hasta que el Tribunal Supremo de Justicia resolvió declarar la nulidad de los tres delitos que se le imputaban, ningún riesgo corriese su vida.

Pequeñas grandes historias de un profesión que a algunos nos ha permitido ser testigos de momentos fundamentales de la historia reciente, en un continente en el que la violencia y la inestabilidad han reinado ya por demasiado tiempo. 

Y que por eso hay que recordar cada tanto para que las nuevas generaciones no se olviden de ella.