Cuando Alberto Samid trajo sus escándalos a la costa marplatense

Por Adrián Freijo En la temporada 1989-90 Alberto Samid fue protagonista en Mar del Plata de un escándalo que sin embargo dio pie a solucionar un conflicto que se agravaba día a día.

En el verano de 1989 Mar del Plata atravesaba un largo conflicto entre el municipio y los guardavidas que amenazaba con hacer fracasar la temporada. Las playas, abandonadas a su suerte, eran una vez más tema de todos los medios nacionales que como tantas otras veces mostraba a la ciudad como protagonista de cuestiones que atentaban contra sus propios intereses.

Alberto Samid, ya por entonces cuestionado por la opinión pública por su estilo agresivo, grosero y escandaloso, era por entonces una de las figuras más visibles de un menemismo que ya se mostraba pletórico de este tipo de personajes. La sociedad no atinaba a comprender como el presidente Carlos Menem vivía rodeado de gente que hacía ostentación no solo de su riqueza sino también de la forma irregular con la que la había conseguido.

Ya habían estallado los escándalos de la leche en mal estado -que le había costado a Menem desprenderse de su secretario privado Miguen Angel Vicco y alejar del centro del poder a Carlos Spadone,  el empresario predilecto del riojano y que le proveyera tanto durante la campaña electoral- y también  la compra de guardapolvos con un insólito sobreprecio que realizara el Ministerio de Bienestar Social encabezado por Eduardo Bauzá.

Pocos meses antes Juan Carlos Rousselot debió ser exiliado en la embajada argentina en Paraguay para tapar uno más de sus recurrentes problemas de corrupción en el municipio de Morón. Demasiado para tan corto tiempo, sobre todo cuando la economía andaba a los tumbos y el recordado Plan BB se acercaba al estallido y la hiperinflación, que arrimaría al poder a Domingo Cavallo tras el «trabajo sucio» del Plan Bonex de Erman González, se cernía como una amenaza sobre la gente y sobre el poder.

Para completar un cuadro de histeria oficial el cuerpo de Granaderos a Caballo había desalojado de la residencia presidencial a la esposa del mandatario.  Zulema Yoma, acompañada de sus hijos Carlos y Zulemita, se retiró del lugar lanzando todo tipo de denuncias e imprecaciones contra la figura del presidente y hablando de «una corrupción insoportable» que era la que había motivado la medida para «hacer que me calle la boca».

Demasiadas cosas como para que «El Rey de la Carne» le agregase leña a un fuego que ardía peligrosamente en todo el país…

Pero a Alberto Samid nada de eso le importaba demasiado. Su única obsesión era ya por entonces el protagonismo y para ello no contaba con otras armas que no fueran las del escándalo y el patoterismo.

En plena campaña electoral, en una mega asado que le ofreció a Carlos Menem en Ezeiza con la sociedad de su amigo y por entonces socio Alberto Granados, recibió al candidato y sin tener en cuenta la presencia del periodismo lo dirigió hacia los asadores comentándole en voz alta y para que todos lo escucharan: «Viste Carlos…que olor a vaca cuatrereada». Sabía que ya entonces la opinión pública repetía que su exponencial crecimiento en el negocio de la carne se debía al manejo del cuatrerismo con complicidad policial; algo que nunca se probó pero quedó como una de tantas leyendas urbanas argentinas.

Aquí en la ciudad ya había ocupado las crónicas en los días anteriores a los hechos que narraremos, cuando ubicó en la zona del Torreón del Monje y sin autorización alguna, un globo inflable con la leyenda «Samid Diputado Nacional» por el que fue intimado por las autoridades de Turismo e Inspección General y que finalmente, y no sin escándalo, fue retirado.

En pleno conflicto con los guardavidas el empresario hoy detenido llegó al municipio e intentó ingresar por la fuerza al despacho del intendente Angel Roig, insultándolo y acusándolo de ser el culpable de lo que ocurría. Cuentan los testigos que solo la infinita paciencia de Don Angel evitó que el problema pasara a mayores, aunque tuvo la suficiente envergadura como para ser levantado por toda la prensa nacional y repetido hasta el cansancio.

Máxime cuando Samid repetía a los gritos que era un «enviado del presidente».

Al día siguiente, mientras conducía mi programa «Libre Expresión» en LU6 Emisora Atlántica, entró al estudio mi recordado productor Daniel Columba y en voz baja me informó que el presidente estaba en el teléfono y quería hablar conmigo.

Menem no podía creer lo que Samid había hecho. Me pidió especialmente que me apersonara a presentar sus disculpas al intendente Roig y me pusiese a su disposición para colaborar en todo lo que fuese necesario para resolver el conflicto. «Si tenemos que enviar el dinero desde acá lo hacemos, pero tratá de que se solucione en Mar del Plata o todos los municipios van a querer que hagamos lo mismo en situaciones similares» me dijo.

Fue así que comenzó a gestarse un operativo en el que a través de un acuerdo entre la radio y una de las empresas más importantes de la región se resolvió una venta de publicidad anticipada que sirvió para cubrir el monto que el municipio debía a los guardavidas.  Dos días después, en la sede local del Ministerio de Trabajo, se firmó el acuerdo por el cual L.U.6 aportaba esa masa salarial y la muncipalidad se comprometía a respetar los aumentos  acordados.

La medida de fuerza se levantó y la temporada terminó en paz.

Samid, furioso por la descalificación pública que él creía responsabilidad mía -y que en realidad devenía del enojo presidencial- fue con su queja a Carlos Menem quien le ordenó retirarse de Mar del Plata, llamarse a silencio y bajar la exposición pública en lo que restaba del verano.

Y así lo hizo, sin comprender que su desubicación había servido para destrabar el conflicto y terminar con una situación que se agravaba día a día por la obstinación de los protagonistas.

Poco faltaría sin embargo para que el personaje volviese a las andadas. Algo que claramente sigue hasta nuestros días…