CUANDO BAJEN LAS AGUAS SE VERÁ OCTUBRE

Cualquiera sea el resultado de octubre la Argentina comienza hoy a transitar un nuevos escenario. El repliegue del kirchnerismo y la realidad de alternativas moderadas son datos ineludibles.

Seguramente hoy las diferentes fuerzas políticas comenzarán a hacer sus lecturas que como siempre ocurre tendrán una expresión pública y una privada.

Daniel Scioli sabe que los votos conseguidos ayer le permiten escalar poco a poco lo que seguramente será su cuesta más empinada: consolidar un liderazgo hacia adentro de su propia fuerza.

No será fácil y la cercanía de la votación fundamental de su vida política lo obligará seguramente a ceder pedazos del discurso que, bien lo sabe, podrá consolidar lo que ya tiene pero le dificultará salir a la búsqueda de lo que le falta. Pero sabe que tratar de sacudirse ahora lo que queda del kirchnerismo -que además no le asegura resultados favorables en ningún distrito- lo pone a tiro de operaciones internas para debilitarlo que, si siempre fueron un clásico en las cercanía de Cristina, suelen potenciarse cuando los mesiánicos sienten que el poder se escapa de sus manos.

Scioli debe ir por ese 6/7% que le falta para asegurarse la primera vuelta. No es fácil pero tampoco imposible. En su caso no se trata de salir a buscar independientes al voleo; en el voto de Massa y en el de De la Sota puede encontrar un terreno afín para coronar su objetivo.

No es tonto y percibe que la presencia de Anibal Fernández en la provincia de Buenos Aires va a clausurar la puerta de entrada de los independientes y teme que pueda convertirse en vía de salida para los peronistas moderados. No hay que ser demasiado perspicaz para anticipar que el tema del narcotráfico será el que signe la campaña de acá a octubre. Y ese es un dato que lo preocupa.

Macri tiene por delante una tarea tan difícil como incómoda. Perdió en lo que era su objetivo principal y que tenía el nombre de polarización.

La buena perfomance de Sergio Massa, si bien lo deja muy lejos de su anunciada pretensión de estar en el ballotage, terminó por convencer al líder del PRO que será muy difícil ir a buscar el esquivo voto peronista.

Y sabe por la experiencia de su fallido cambio de discurso la noche del triunfo en CABA que tratar de peronizarse le quita más de lo que le acerca.

Está en carrera pero el trecho que le resta hasta la meta lo encuentra por detrás del favorito y con serias dificultades para generar una estrategia ganadora. Tal vez haya llegado el momento de sacarse de encima a los malos asesores y comenzar a entender que el país profundo, del que deberá rescatar votos y apoyos, no entiende un mensaje diagramado para la culta clase media capitalina.

Y Sergio Massa, que tuvo la impronta e inteligencia de apropiarse de los votos de De la Sota para mostrar una solidez que no tiene -su aporte al espacio fue de algo más del 14%, por debajo de las peores expectativas que marcaban los encuestadores y que lo situaban en un 15%- pretende convertirse en algo así como un garante del campo opositor, convocando a un diálogo que por cierto no parece poder cambiar mucho las cosas.

Sin agudizar demasiado el olfato pareciera ser que cuando llama a «Mauricio y a Margarita» en realidad está diciendo «Daniel». Peronistas al fin...a buen entendedor pocas palabras.

Quedan por supuesto lecturas generales. El 60% del voto argentino sigue creyendo que el peronismo, en sus diferentes variables, sigue siendo el más capacitado para gobernar el país; pero un porcentaje aún mayor cree que se acabó el tiempo del kirchnerismo.

Y resta saber hacia donde marcharán los votos de es 10/15% de ciudadanos que por diferentes motivos ayer no fueron a votar pero que, como lo muestra la tradición, en octubre estarán en el cuarto oscuro.

Y en este escenario difuso, la voz de los escépticos puede transformarse en un grito.