Cuando el palabrerío de los políticos arruina todo lo que envuelve

Siempre recelo de aquellas personas que se creen sabias, y en realidad no hacen más que usar palabras “difíciles” para expresar cosas sencillas. Nuestros políticos son especialistas en ello.

Fernando V. Alfonso

En un excelente artículo publicado en La Nación esta semana, del Economista Roberto Cachanosky, titulado: “Competencia política y gasto público”, el autor afirma que en Argentina existen ocho millones de personas que trabajan en blanco y aportan en consecuencia, y también hay dieciocho millones de compatriotas que perciben un ingreso mensual del estado. Todo un concepto expresado con dos números.

Del fárrago de noticias económicas que se concretaron entre el fin de año y comienzos del nuevo, rescato los anuncios de varios funcionarios con competencia en la Economía, que son tantos que uno no sabe quién es el más “taura” y lleva la voz cantante, acerca de las previsiones en materia de inflación, crecimiento, déficits, y otras sutilezas que deberemos esperar en 2018.

Como en el grupo estaba el Presidente del Banco Central, quién se supone tiene autonomía del Gobierno, la mayor de las atracciones del espectáculo fue la virtual dialéctica entre dos visiones contrapuestas de la política económica. Por un lado la monetaria, y por el otro la estructural.

Cualquiera de nosotros puede desde su computadora, consultar las estadísticas planetarias sobre los índices de inflación. Y así comprobar que el nuestro es uno de esos curiosos países que exhibe tercamente, una inflación de dos dígitos al año. Primera conclusión: En el mundo la inflación es controlable si los gobernantes se lo proponen.

Si admitimos que la inflación es ese aumento sostenido y desordenado de TODOS los precios de una economía, podremos desbrozar cual es el origen de esa maldición. Para no abundar en tediosas explicaciones, les comento que la explicación sobre esta patología curable, admite dos versiones: la monetaria, y la estructural, ¡Justo lo que comentaron los “Jefes” de nuestra economía!.

Para decirlo en pocas palabras, la explicación monetaria del origen de la inflación sostiene que lo que permite que que exista, es el crecimiento de la oferta de dinero más allá de la evolución del PBI. La estructural se sostiene en una infinita serie de razones que tienen que ver con la desigualdad en la percepción de ingresos de los ciudadanos, concentración de la riqueza, injusticias de toda laya, etc. etc; En resumen, argumentos más políticos que económicos.

En el artículo citado, Cachanosky arriesga que el 99 % de los Economistas argentinos, está convencido que el gasto público es el causante de la inflación en Argentina, sólo que se cuidad de no decirlo en voz alta, para no contradecir a los estructuralistas que son los políticos. Los muchachos del gremio, no quieren aparecer como “incorrectos”.

¿Cómo se vincula el gasto público con la inflación?, muy simple: Si un Gobierno admite gastar más de lo que ingresan las arcas del Estado, tiene unas pocas vías para solucionar el incordio: a) Aumentar los impuestos. b) Tomar prestado de los ahorros de los ciudadanos. c) Tomar prestado de los ciudadanos de terceros países. Estos dos últimas vías son factibles y legales, mediante la utilización de los sistemas bancarios nacionales y extranjeros.

Pero existe una vía más discresional y fácil, y el Gobierno la tiene al alcance de sus manos: Emitir dinero para pagar sus cuentas. A este tipo de decisión los economistas le llaman Monetización del déficit, y parece ser la que más le gusta a los políticos.

Hace más de dos mil quinientos años, Aristóteles definió la política como la tarea de imponer el bien común. No se puede afirmar que hoy, nuestros políticos comulgen con esa noble tarea, más propio les parece imponer su propio bien.

El actual Gobierno argentino, cree tener en claro cuales son las cosas que hay que hacer para poner nuestra economía en crecimiento. Paciencia, lo quiere hacer de a poco. Pero esa persecusión de lo políticamente correcto, ha hecho que el  déficit fiscal no sólo no baje en nuestra tierra, sino qué aumente, ya está en 10 % del PBI, ¡una grosería!. Por ahora le sirve hasta para ganar elecciones, pero nuestros padecimientos finalizarán, el día que la política deje de imponer el absurdo sobre las decisiones técnicas necesarias.

He tratado de usar palabras simples, para explicar cosas sencillas.

Dedico esta columna a Martín Losteau, un sólido Economista argentino.