CUANDO LA IMPOTENCIA DISPARA EL PAPELÓN

Pocas veces un presidente argentino tuvo un paso tan fallido por el exterior como el que protagonizó un Alberto Fernández histérico, fuera de foco y además, otra vez, mal informado.

La impotencia suele ser mala consejera del soberbio. Mientras en los seres humanos suele disparar tristeza, pesimismo y decepción en el omnipotente opera como acicate a las reacciones estentóreas, impensadas y pretendidamente propias de un ser superior. Claro que, inevitablemente, terminan en un papelón: no hay nada más ridículo que el que jura no haber robado el dulce de leche con la aureola del manjar en torno a sus labios.

Y así, manchado y en evidencia, se mostró Alberto Fernández cuando tuvo la malhadada idea de ponerse a contestar sobre temas de la política interna durante su visita a México y en presencia del propio mandatario azteca Andrés López Obrador. Cuando todo aconsejaba echar mano a la clásica salida diplomática y simplemente afirmar que no iba a hablar de cuestiones nacionales en casa ajena, el mandatario la emprendió contra quienes critican a su gobierno por el escándalo del llamado «Vacunatorio VIP» y, como suele ser habitual debido a su volátil carácter, terminó desnudando ante el mundo entero todo el odio que genera la irreparable grieta en el país y que lo tiene, mal que le pese, como uno más de los protagonistas centrales.

Por mucho que se esfuerce en parecer un moderado, Alberto Fernández no pierde ocasión para poner sal en la herida de las divisiones y descalificar, amenazar y estigmatizar a todos los que no piensan como él y su gobierno.

Fuera de sí, con fingida frialdad que no pudo ocultar su furia, se refirió despectivamente a los fiscales que estudian las más de doce denuncias presentadas por la violación de las normas vacunatorias. Él, que suele jactarse de su conocimiento del Derecho Penal y de su condición de docente de la UBA en la materia, pareció olvidar por un instante que es obligación de los funcionarios denostados el analizar toda denuncia que llega a sus manos. Luego verán si la rechazan o siguen adelante en su tratamiento…

“No existe ese delito y no se puede construir. Si quieren trabajar, hay muchos delitos para investigar como los peajes de Macri, el terrible y lamentable endeudamiento que la Argentina vivió, el vaciamiento del Congreso, el negocio de los parques eólicos y la responsabilidad de un ministro que mandó un submarino en el que murieran 44 tripulantes” disparó Fernández, soslayando deliberadamente que las presentaciones judiciales recorren no uno sino varios delitos posibles que van desde la gravísima asociación ilícita hasta el abuso de poder. ¿ Qué sabe entonces si alguno de ello puede existir?, ¿no es una frivolidad impertinente querer minimizar el trabajo de la justicia diciendo que «no existe el delito de adelantarse en una cola»?.

Ello sin olvidar que todas y cada una de las causas enunciadas como «olvidadas» están hoy siendo investigadas por la justicia y en plena instrucción penal…

Mientras Alberto Fernández sale por el mundo a operar una vez más como tapadera de los verdaderos organizadores de este disparate (Ver:La Cámpora, las vacunas «vip» y el caso Mar del Plata) el propio presidente de los EEUU Joe Biden toma el caso argentino y el peruano para pedir que los procesos de asignación de la vacuna sean transparentes en el mundo entero.

Parece imposible que el presidente argentino comprenda que en el mundo existe un código ético muy diferente al que, sin límite ni pudor, rige en nuestro país las relaciones entre los todopoderosos gobernantes y el golpeado pueblo.

Y para cerrar la triste jornada Alberto sostuvo que «le pido a los fiscales que vuelvan a leer el código penal. No sé quién los aprobó ni en que universidad, pero ya hicieron demasiadas sinvergüenzadas». Por un momento pasó por nuestras cabezas la imagen de una presidente anterior que, preguntada por alumnos de una universidad americana sobre casos de corrupción y su abultada fortuna, no tuvo mejor idea que descalificar a sus interlocutores diciendo «chicos, por favor, estamos en Oxford no en La Matanza».

Algunos parecen haber incorporado el papelón a su bagaje ideológico…lastima que nos involucran a todos.